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Más de 34 millones de copias vendidas en el mundo y una cifra que supera los 35 mil libros comercializados en menos de un año en Colombia —cuando en el país es todo un reto vender si quiera 5.000 copias de un ejemplar— son cifras que han hecho que la trilogía Millennium, del escritor sueco Stieg Larsson, ostente sin reparos el título de best seller.
Sin embargo, este apetecido título que asegura que la librerías pongan sin falta estos libros de primeras en sus estanterías, muchas veces ahuyenta a la crítica y hace que los más demagógicos lo vean como sinónimo de mala literatura. Pero cuando al lado de las cifras y de la cintilla roja de la carátula aparecen artículos como el que le dedicó Mario Vargas Llosa en el periódico El País a las tres novelas: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, el fenómeno parece innegable.
“Acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas”, expuso Llosa hace tan sólo unos meses. “Leí con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Víctor Hugo”, añade el afamado escritor que a sus 73 años y después de leer cientos de novelas parece una voz más que autorizada.
El éxito de estas tres historias —la primera de las cuales fue traducida al cine y debuta hoy en las salas del país— y que llevó a que en 2009 Larsson fuera el segundo escritor más vendido en todo el mundo, se cuece desde el mismo momento en que su manuscrito fue enviado a un editor en Suecia.
Durante 10 años, Steig Larsson, periodista de la agencia de noticias TT, desgastó sus ojos, atrofió sus pulmones con paquetes de cigarrillos y comió cuanta chatarra pudo para llevar a cabo su proeza: contar la historia de Lisbeth Salander, una joven tatuada, casi anoréxica, sagaz hacker que se convierte en una detective a la mejor manera de las novelas de los años 50, y la del periodista Mikael Blomkvist, quien en una especie de álter ego de Larsson, es el segundón de la novela y el que encarna el rol de guardián de la verdad.
Unos días antes de que saliera publicado el primer thriller de la serie, del que sus editores vaticinaron “dejaría en un estado de orfandad a los lectores después de que la terminaran”, Steig Larsson murió repentinamente de un paro cardíaco mientras subía las escaleras hacia su oficina.
Salieron entonces a relucir todos esos elementos que han formado este mito literario. Larsson había sido reconocido como un periodista especializado en investigar a la ultra derecha internacional y al fascismo. No tardaron pues las acusaciones conspiracionistas que aseguraron que esa Suecia retratada por Larsson como una sucursal del infierno, en donde la corrupción pulula en todas las instituciones, guardaba algo de denuncia y de verdad, y que esa era la razón de su muerte. Luego han venido serias pugnas entre sus familiares por los derechos de la novela e incluso confesiones de sus amigos cercanos de que esas historias increíbles no fueron escritas enteramente por él.
La realidad le hace así eco a una trama envolvente y a unos enigmas hasta ahora no descifrados que hacen que miles de personas en el mundo pasen las páginas de Larsson preguntándose qué va a pasar ahora con sus geniales personajes y quizá tratando de encontrar pistas que resuelvan el misterio de su propia muerte.