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Cuando la fotógrafa bogotana Érika Diettes empezó su trabajo de recolección de prendas de vestir de los desaparecidos del nororiente antioqueño, se fue dando cuenta de que los pantalones, los zapatos, las camisetas que las madres le entregaban estaban intactos desde el último día que habían sido usados. Los familiares los habían guardado como su único reducto de esperanza.
“Esa ropa estaba lista para ser usada por su dueño”, explica la artista, quien rápidamente se dio cuenta de que este proyecto fotográfico, en el que pondría las prendas roídas bajo el agua para capturarlas con su cámara y que bautizaría Río Abajo, iba mucho más allá de simples fotografías.
“Río Abajo es un trabajo sobre la ausencia de cuerpo, la falta de tener un cadáver que enterrar o que llorar”, añade la artista mientras echa una mirada a sus diarios de un año y medio de viajes y lee en una de las hojas, anotado con lápiz: “¡Apareció mi padre, lo encontraron en la fosa!”.
Tras recoger más de 150 objetos personales, entre los que también contaban fotocopias de cédula, palitos de un árbol de guanábana sembrado, gorras y gafas, Érika Diettes decidió cambiar sus planes y montar una muestra en más de 10 municipios de la región. “Cuando hice la primera imagen de la chaqueta del mayor Guevara, asesinado en cautiverio, me di cuenta de cómo su madre, doña Emperatriz, había convertido esa prenda en el símbolo de su luto, de ese duelo suspendido por la falta del cuerpo, y de inmediato supe que no podía quedarme con un solo registro del dolor humano. El hijo militar duele igual que el hijo guerrillero o paramilitar, así que entendí que mi exposición tenía que mostrarse en los municipios”, explica la artista, que urgida porque todo este discurso trascendiera el dolor de las víctimas inmediatas, llevó también la exposición a Houston, Argentina, Nueva York y Cartagena. Por estos días se expone por primera vez en Bogotá, en el Museo de Arte de la Universidad Nacional.
Un cuadro por la dignidad
En municipios como Cocorná, Sonsón, Argelia, El Peñón o Guatapé existe la costumbre entre los pobladores —los que han sobrevivido a la guerra— de hacer unas marchas nocturnas empuñando velas para caminar sobre los lugares donde se sucedieron las matanzas, como para expurgar los lugares de sus culpas, para acompañar a las “ánimas”. Mientras las fotografías impresas en cristales hechas por Diettes se mostraron en estos recónditos lugares, se convirtieron siempre en el sitio en el que estas marchas terminaban. En el video que registró estas intensas experiencias se puede ver a la gente llorando, persignándose ante los cuadros, pasando las velas por detrás de la ropa como iluminando el alma que esa camisa recordaba. “Era como asistir a un entierro simbólico, era un grito callado por sacar todo ese dolor y evidenciar que la reparación no puede ser sólo económica, debe ser también simbólica”, asegura Érika con un tono de voz que revela muchos meses de llanto.
Río Abajo es una exposición que genera silencio, que explora la necesidad y la urgencia de la memoria en este país. Además, la forma en que las 26 piezas de gran tamaño han sido dispuestas en el museo en Bogotá por su curador, Carlos Alberto González, recrea los recorridos de ese río en el que tantos muertos han sido arrojados.
Pero se trata también de la dignificación de cada uno de esos objetos y de esos muertos, porque muy al contrario de lo que pensaron muchas madres, esas prendas valiosas no fueron puestas sobre el suelo o maltratadas, Érika Diettes las volvió un cuadro, bellamente iluminado. “Una madre en El Carmen de Viboral me dijo: nunca pensé ver a mi marido en un cuadro”.
Pero esta obra no sólo tiene el poder de conmover a los colombianos y estrujar los recuerdos de sus desaparecidos. El Museo de Bellas Artes de Houston acaba de adquirir una de las fotografías de Diettes para su colección permanente (la segunda más importante de EE.UU. en fotografía) y que hará parte de la exposición “Ruptures and Continuities”, que recoge lo mejor de la fotografía desde 1960.
El dolor de Colombia y de las madres que apretaron las manos de Érika Diettes hablará bellamente a través del retrato de unas gafas que viajan rio abajo.