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Warhol expone en Jericó

Trece serigrafías del más famoso representante del arte pop están en este municipio del suroeste antioqueño.

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Desde su despacho, de tapias altas y anaqueles forrados en legajos de principios de siglo grabados con letras de caligrafía perfecta, el canciller de la diócesis de Jericó y presidente del Centro de Historia municipal, Nabor Suárez Alzate, utiliza muy pocas palabras que resultan bastante precisas para referirse a la muestra de 13 obras de Andy Warhol que por estos días se exhibe en este pueblo del suroeste antioqueño. “Eso es muy raro por acá”, dice.

Es verdad. Jericó está acostumbrado a escuchar los apellidos de los altos prelados de la diócesis municipal, de los Jaramillo, los Gómez y los de la familia de tal vereda donde se cosecha cardamomo que se exporta a los Emiratos Árabes, o de la gente que habita el lugar donde renace el café después de las recientes cosechas sin fruto, o de los pobladores de la otra vereda en la que se cultivan pinos para alimentar una naciente industria maderera. Pocos han oído de un tal Warhol, pero tratando de dar con él, un visitante que pregunte en una de las heladerías del parque principal puede recibir indicaciones. “¿Cómo es que se llama —pregunta desde la barra el barman a uno de sus clientes— el hijo de doña Carmencita? ¿Ese no es pintor?”.

A tan sólo una cuadra del Museo Arqueológico del Suroeste, donde se exponen las 13 serigrafías de la muestra de  Warhol en Jericó, Milton Zapata intenta también dar pistas. “A cada rato veo a un peludo de sudadera negra que como que trabaja en eso de la pintura”, comenta este hombre de machete al cinto mientras levanta el sombrero de corte aguadeño para verificar que “el peludo” no está con su caballete y sus lienzos dando vueltas por el parque principal.

A pesar de la extrañeza que pueda ocasionarles a algunos jericoanos —que suman alrededor de 7.000 en la cabecera municipal—, más de un millar de personas han llegado hasta la casa colonial que acoge la exposición buscando al aparentemente poco afamado Warhol. La muestra, que inicialmente iría hasta el 30 de este mes, muy probablemente se extenderá hasta finales de marzo.

Mr. Jericó

Dos series de seis serigrafías cada una —una dedicada a Marilyn Monroe y otra a Mao Tse Tung— más una obra llamada Flores, componen la exposición que se hace posible gracias al galerista Alonso Garcés, un hombre nacido en este municipio y que adquirió las obras de la casa neoyorquina de arte Sunday B. Morning.

El resto es quijotada de la administración local. Mientras algunos andan desprevenidos por las calles empinadas de este pueblo con fama de rezandero, otros andan felices por cuenta de la exposición y el turismo que ésta ha llevado al municipio.

Es el caso del secretario de Cultura —que también está a cargo de la oficina de Educación y Turismo—, Nelson Augusto Restrepo. Total que no todos los días este pueblo puede tener obras de uno de los hombres más influyentes del siglo XX. Por estos días Restrepo anda caminando tranquilo porque ser sede de la segunda muestra más importante que se ha exhibido en el país del máximo exponente del pop art no está nada mal para un municipio que cuenta con un presupuesto anual para cultura de $17 millones.

Antioquia pop

No es extraño que Warhol sea un desconocido en la provincia. Él jamás se sintió cómodo allí. “Soy un chico de ciudad. En las grandes ciudades han dispuesto las cosas para que puedas ir al parque y estar en un campo en miniatura, pero en el campo no tienen ningún sitio de gran ciudad, y entonces siento mucha nostalgia”, afirmó cierta vez. Su parque de juegos era Nueva York, la Gran Manzana, la ciudad que nunca duerme y en especial el quinto piso de la número 231 de la calle 47 Este en Manhattan, donde quedaba su estudio artístico, una “Fábrica” de juegos, perversiones, íconos y famosos de la cual no se podía alejar por mucho tiempo.

Pero esta no es la capital del mundo. Sin duda lo más “Warhol” que tiene Jericó son las Coca-Colas que se toman heladas en las tiendas de esquina en cada calle. Aquí no hay sopas enlatadas Campbell y Marilyn puede pasar como una rubia más. En este, uno de los más antioqueños de los municipios de Antioquia —cuna del carriel, del escritor Manuel Mejía Vallejo y hasta de la beata Laura Montoya—, también el más pobre y el más rico toman la dichosa bebida que tanto ponía a imaginar a El Papa del pop.

“Puedes estar mirando televisión —reza una de las oraciones más conocidos de la filosofía Warhol— y ver una Coca-Cola, y saber que el presidente bebe Coca-Cola, Liz Taylor bebe Coca-Cola, y piénsalo, tú también puedes beber Coca-Cola”. Viendo las serigrafías de la exposición y las botellas negras desde este rincón apartado del suroeste antioqueño, parece que los efectos de la sociedad de consumo a los que el artista les dio un nuevo significado no estaban reservados para su América del Norte.

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