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En tiempos de caos, maquillémonos todos para que no se note el caos. Salgamos a la calle con la mejor de nuestras sonrisas y saludemos con humildad y sumisión, y si nos alcanza la voz, cantemos. Entonemos himnos a la felicidad y aplaudamos a quienes nos dicen que son héroes porque meten dos goles y cobran en dólares, o al dirigente de turno que corta el salario, corta la educación, corta la salud y nos dice que debemos trabajar más duro y apretarnos aún más el cinturón por amor a la patria. Bajemos la cabeza cuando nos hablan de crisis y admitamos que en esos tiempos de crisis debemos sacrificarnos.
Maquillémonos para recibir, impecables, las maquilladas noticias que salen en los diarios y los informativos, provenientes de agencias de prensa, sobre los señores maquillados que deciden por nosotros. Maquillémonos con las tinturas más finas que nos anuncian en la televisión, porque esas tinturas nos harán felices, y caminemos felices, y en días de elecciones, votemos de nuevo por los señores maquillados, y amemos con nuestro maquillaje a otro maquillaje, que, en últimas, lo que importa es el maquillaje. Reconozcámonos por nuestros maquillajes y hagamos del maquillaje un arte.
Maquillemos nuestras pulsiones con palabras lindas y de moda —la moda es esencial—, y hablemos de paz, de bondad, de generosidad y amor, de amor rayo luminoso, por supuesto, porque el fin, en últimas, es que nos quieran, y que nos quieran por nuestro maquillaje. Ocultemos con sombras y colores los huecos, las cicatrices, los años, las canas, el pasado, la vida y toda esa vida que nos ha hecho ser quienes somos, que por esas cosas nadie nos va a querer. Ocultemos el mugre bajo la alfombra, como en las tiras cómicas, y maquillemos también la alfombra para que parezca de las Mil y una noches y vuele.
Maquillemos la disciplina y la voluntad y la lucha con tintes y polvos mágicos de inspiración y genialidad para que nos crean dioses y apartemos así de nuestro círculo a los simples mortales. Maquillemos a los dioses, que se están destiñendo, y las obras de los santos, para que sólo quede su amor a dios. Maquillemos los versos de los poetas para que no nos atormenten, y al tormento, para que vivamos en paz. Y maquillemos la paz para que sigamos comprando paz y no dejemos de decir siempre Sí, señor.