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La papa está más cara este año. Puede que lo haya notado a la hora de hacer mercado, ya que en los dos primeros meses del año el incremento de precio ha sido de 22,07 %, de acuerdo con las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).
Puede pensar que con esta subida los paperos tienen una economía boyante, que están decidiendo cómo invertir o gastar las ganancias mientras cuentan sus billetes. Pero el sector está en el polo opuesto: una crisis.
Desde hace casi un año, los productores han visto disminuida su rentabilidad. Para mediados de 2025, estaban perdiendo entre COP 11 y COP 15 millones por hectárea. Y la coyuntura no ha terminado, aunque se ha ido reduciendo en la medida en que los precios han reaccionado, de acuerdo con Richard Sánchez, gerente de Fedepapa (Federación Colombiana de Productores de Papa).
Sánchez explica que las variedades blancas (superior, suprema y pastusa), que estuvieron a alrededor de COP 516 el kilo en agosto y COP 543 en septiembre del año pasado, para el cierre de marzo estaban aproximadamente en COP 1.091, mientras que el valor por kilo previo al inicio de la crisis era de entre COP 1.229 y COP 1.355. “Todavía hay un margen de mejora de unos COP 250 o COP 300”, asegura.
Ahora que el precio ha mejorado y se veía cerca el final de la crisis, se suma otra dificultad: el encarecimiento de los insumos. Esto ha llevado a que el costo de producir cada kilo de papa sea de COP 1.361. Antes, cuando era de COP 1.166, el margen era negativo en COP 195 y la pérdida alcanzaba COP 5,46 millones por hectárea.
El encarecimiento del 30 % en el costo de los fertilizantes ha hecho que aumente la participación del rubro en la estructura de costos. Lo que, a su vez, se debe a los mayores costos logísticos por las disrupciones de suministro que ha causado el cierre del estrecho de Ormuz, en el marco de la guerra en Oriente Medio.
En contexto: Este es el impacto de la guerra en Oriente Medio en la producción de alimentos en Colombia.
Es un asunto delicado porque abril es el mes en que se siembra la cosecha que sale al mercado entre agosto y septiembre, por lo que es una temporada de compra de insumos. En resumidas cuentas, los costos suben en ascensor mientras que el precio al consumidor asciende un escalón a la vez.
A los paperos les preocupa que la tendencia se mantenga porque un choque adicional sobre fertilizantes podría profundizar las pérdidas que ya tienen y enterrar más la rentabilidad.
Así las cosas, cada vez será mayor el incremento del precio al consumidor que necesitan para, al menos, alcanzar el punto de equilibrio.
El subibaja de precios
Más allá de la coyuntura de los insumos, son varios los elementos necesarios para entender cómo funcionan los precios de la papa y por qué hay ciclos en los que el tubérculo se abarata y otros en los que se encarece.
Todo comienza con una bonanza. Entre 2023 y 2024 el precio subió más de 40 % y eso motivó a los productores a sembrar más, para aprovechar los buenos precios. Pero igual de fuerte fue la caída: el mercado tuvo una sobreoferta que hizo que el valor se desplomara. Así llegó la crisis de 2025, cuyo impacto se extiende hasta hoy.
“Si bien la papa es un alimento básico, su demanda no se expande automáticamente cuando baja el precio. Por lo tanto, cuando aumenta la oferta, no hay un aumento proporcional en la demanda para absorber el exceso”, asegura Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales (IEI) de la Universidad Javeriana de Cali.
En resumen, se trata de una oscilación que está mediada por el subibaja de la oferta y demanda. Pero no es el único factor que cuenta. Duarte dice que hay un sistema productivo y de comercialización profundamente frágil, que amplifica cualquier desequilibrio entre oferta y demanda.
Un matrimonio disparejo
Los ciclos del cultivo papero no son ajenos a los demás. Hay un efecto colateral del que poco se habla y que permite entender mejor las dinámicas de siembra y producción que se dan en el campo.
Se trata de la zanahoria. Esta se produce principalmente en zonas de clima frío de la región Andina, los mismos lugares en los que se da la papa. Los departamentos con mayor producción son Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y Nariño, en regiones que cuentan con condiciones agroclimáticas adecuadas (como altitudes entre los 2.000 y 3.000 metros sobre el nivel del mar), según Asociación Hortofrutícola de Colombia (Asohofrucol).
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Ambos productos son de ciclo corto y hacen parte de sistemas productivos complementarios. Por eso es común que estén dentro del esquema de rotación que busca mejorar la salud del suelo, reducir la presión de plagas y optimizar el uso de los recursos productivos.
Aunque no se desplazan entre sí, el comportamiento del cultivo de papa puede influir indirectamente en la zanahoria, principalmente a través de las decisiones de siembra de los productores.
“Cuando el precio de la papa es alto, muchos agricultores prefieren sembrarla, lo que puede reducir el área destinada a zanahoria. En cambio, cuando los precios de la papa bajan, algunos productores buscan alternativas y optan por cultivos hortícolas como la zanahoria. Esto puede aumentar la oferta de la hortaliza en el mercado y eventualmente generar presiones a la baja en el precio”, detalla Asohofrucol.
Por eso, lo más común es que cuando el precio de uno sube, el del otro baja. Y si la papa se encareció en un 22 % porque se redujo la oferta, la zanahoria cayó un 15,32 % en los dos primeros meses del año porque aumentó su disponibilidad.
El riesgo de este vaivén es que a los productores no les sea rentable sembrar. Eso hace que se reduzca la disponibilidad de los alimentos para los colombianos, algo que ya ocurre en el caso del tubérculo y que podría profundizarse a medida que la crisis se extienda e impida que la actividad sea rentable.
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