En defensa de la labor de la UIAF

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Por medio de la presente quiero manifestar mi total inconformismo con el artículo publicado en la edición del día 13 de febrero en la sección de economía, titulado “Odebrecht: primer reto del nuevo director de la UIAF”.

Estuve encargada de la UIAF por poco menos de nueve meses y asumí el mismo con toda responsabilidad y entereza, como ha sido mi actuar en estos 28 años que me he desempeñado como funcionaria.

Con extrañeza leo las afirmaciones del artículo, que muestran a la opinión pública un manto de duda sobre mi actuar y el del personal que tuve a mi cargo como exdirectora de la UIAF.

El señor Alberto Lozano (exdirector de la UIAF entre 2003-2006), sin ningún criterio ni conocimiento del trabajo realizado, sin haberme abordado como fuente directa de la información, ni investigar con las otras autoridades competentes, publica una versión errada, fuera de todo contexto sobre las acciones desempeñadas por la UIAF durante este lapso de tiempo de encargo.

Desde el primer momento que la UIAF tuvo conocimiento de los hechos que actualmente son materia de investigación, trabajamos, en tiempo real, de la mano con la Fiscalía General de la Nación, quien es la responsable de hacer las investigaciones y acusar a los presuntos implicados.

Como bien lo saben, los informes de la UIAF son orientadores dentro de las investigaciones, recibimos, procesamos, analizamos y difundimos información a la entidad encargada por la Constitución Política de Colombia de hacer las investigaciones y acusar a los responsables.

Afortunadamente el señor fiscal general de la Nación, Dr. Néstor Humberto Martínez Neira, sabe cuál ha sido mi trayectoria, cuál fue el trabajo que se realizó desde la UIAF y el aporte que dejé en el tiempo que estuve encargada no solamente en esa investigación a la que el artículo se refiere sino en muchas otras donde hemos detectado operaciones de lavado de activos y demás.

Carmen Maritza González Manrique. Bogotá.

¿Y la corrupción ciudadana?

El editorial titulado “Oh corrupción, oh caos” (El Espectador, 02/13/17) intenta hablar de ello. Pero se queda corto. Llama a la ciudadanía a un movimiento “corrupción cero”. Pero ignora que muy diversos grupos ciudadanos comunes y corrientes son proclives a la corrupción. Tanto en el manejo de los dineros en las administraciones de propiedad horizontal, como en la compra de autopartes robadas o en la falsificación de documentos académicos, indeterminada cantidad de ciudadanos actúan corruptamente y se ufanan de ello. Y, como lo escuché hace poco en un salón de fisioterapia, unos admiran a los ladrones de cuello blanco mientras otros intentan que sus hijos hagan política para enriquecerse fácilmente. ¿Por dónde empezar entonces la cruzada si no es por cada uno de nosotros? Por ejemplo, enseñando que el robo de lo público es un autorrobo porque los ladrones se roban el dinero de nuestros impuestos.

Bernardo Congote.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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