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El pasado martes inició abiertamente la negociación entre el ELN y el Gobierno de Colombia. La apertura que se dio en Ecuador, pasó sin mayor entusiasmo por la retina de los colombianos: las noticias de corrupción y la apatía de muchos ciudadanos no permitieron dimensionar el significado de lograr una “paz completa”.
Hay motivos para la esperanza, así lo demuestran las palabras de Pablo Beltrán.
La intervención del comandante del ELN y Jefe de la delegación de esta organización, estuvo centrada en la necesidad de construir intereses comunes y no en la de lograr una “revolución por decreto”. A diferencia del discurso que dio Iván Márquez, en el inicio de los diálogos entre el Gobierno y las FARC, en donde Márquez mostró una posición fuerte e incluso intransigente, el comandante del ELN tuvo un tono moderado y de abierto reconocimiento de la realidad político-militar de su organización.
Esta sutil diferencia entre comenzar imponiendo “sus posiciones” y la de “construir intereses comunes”, es una clara manifestación de la voluntad para ceder en aspectos que han hecho imposible el inicio de diálogos con el ELN. Esto no implica que esta organización renuncia a sus tesis históricas, sino que comprenden las realidades políticas que son necesarias para la construcción de un acuerdo de paz. Esta manifestación se ratifica en el reconocimiento de las responsabilidades conjuntas en la guerra a las que hizo referencia Beltrán. Este no es un tema menor, pues en el proceso con las FARC sólo se logró hasta los últimos meses de la negociación.
Ahora bien, es un espacio de negociación, de ahí que Beltrán le recordara al gobierno y al país que la paz no es de papel y, mucho menos, que es el fin de los conflictos sociopolíticos. Por el contrario, estos conflictos se mantienen vigentes, pero ya no encontrarán una respuesta en la vía armada como la forma de lograr las transformaciones deseadas. Por eso la frase que guió el discurso de Beltrán fue: “todos debemos cambiar”, es decir, que el éxito o el fracaso de la negociación depende del ELN, pero también de la voluntad del Gobierno para poner fin al conflicto con esta organización.
Por otro lado, aunque la intervención de Juan Camilo Restrepo, jefe del equipo negociador del Gobierno, fue mucho más austera, no se pueden obviar aspectos centrales de su discurso. Al igual que Beltrán, éste reconoció que la paz debe estar por encima de las diferencias y fue enfático en afirmar que no iban a explorar la posibilidad de terminar una guerra, sino que estaban ahí para alcanzar un acuerdo que pusiera fin al conflicto.
Mientras estas intervenciones se hacían públicas, el Ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien estaba presente en la instalación de los Diálogos, recordó cómo esta guerrilla le partió su vida en dos. Al igual que millones de colombianos víctimas del conflicto, el Ministro lleva años arrastrando el dolor de una pérdida irreparable. Reproduzco parte de las palabras que el Ministro compartió ayer y que esperamos no pasen inadvertidas para los colombianos y, sobre todo, al ELN: “Muchos me preguntan si ya perdoné, respondo: todavía no he perdonado, tengo todo el corazón dispuesto a perdonar, pero no he perdonado, porque nadie me ha pedido perdón”.