Colombia y su mal emergente

Felipe Jánica
05 de febrero de 2017 – 09:00 p. m.

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Sin duda estamos al frente de una nueva etapa en la historia de Colombia. Hasta hace unas semanas, todo giraba entorno de el “sí o el no”, cada bando con sus argumentos. Unos meses más atrás se discutía si se lograría o no un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Ahora, con una inminente desmovilización de ese grupo guerrillero, son otros los temas que afronta el país. Sin los argumentos de conflicto o posconflicto de por medio, el país comienza a sacudirse con asuntos que en otrora parecían haber estado dormido. Uno de estos asuntos es la corrupción, la que no sólo es pública sino privada.

Estoy convencido que más bien que se nos había desviado la atención con tantos asuntos crueles propios de un país en permanente conflicto. Es cierto, los encabezados de los principales diarios en Colombia han cambiado de manera radical. Hasta hace unos años, estábamos contaminados con los asuntos propios de una guerra que en Colombia tenía más de diez lustros. Creo que para un colombiano de a pie era normal levantarse con noticias entorno de los enfrentamientos del ejército con la guerrilla, amén de los conflictos propios del narcoterrorismo y sus estragos. Tanto que parecía ser una premisa tener que vivir en medio de tan escandaloso conflicto.

Ahora y luego de no tener que levantarnos con estas noticias, o al parecer con el argumento del oxímoron de la tensa calma, pareciera que los males de nuestro país han mutado a otro estado de horror: la corrupción. Esta mal, que parecía haber estar dormido, o quizá parecía haber estado mimetizado en medio de tanta violencia, resulta emergente como resultado del oxímoron antes mencionado. La corrupción que comienza a destaparse por los casos ampliamente divulgados, sin duda nos está quitando la tranquilidad. Pero será que es un nuevo mal o es que ahora nos estamos dando cuenta de la magnitud del problema con el que hemos convivido.

Pues no, este asunto no es nuevo. Siempre ha estado ahí. Que no nos hayamos querido dar cuenta es otra cosa. Y si no lo aceptamos entonces tenemos que apoyarnos en informes como el del Foro Económico Mundial. El reporte del Índice Global de Competitividad, indican que los pilares más problemáticos para hacer negocio en Colombia son en su orden: 1. Tasas de impuesto; 2. Corrupción; 3. Inadecuada infraestructura; 4. Burocracia ineficiente del Gobierno y 5. Compleja regulación tributaria. Así las cosas, si hubiésemos hecho una reforma estructural tributaria, dos problemas menos estaríamos en capacidad de lidiar en el futuro próximo, es decir el pilar 1 y 5 antes mencionados.

Los pilares del 2 al 4, tienen todo que ver y están además relacionados. La corrupción, como segundo pilar problemático, si se le suman los siguientes e incluso el quinto, tendremos un caldo de cultivo para que el círculo vicioso se siga alimentando. Los escándalos de corrupción recientes están, en su gran mayoría, relacionados con contrataciones con el Estado. En especial en infraestructura, una de las locomotoras de la economía y que si llegare a cumplirse de manera limpia y sin manchas, no sólo cortaríamos brechas en materia de competitividad, sino que lograríamos a enfrentar un flagelo tanto o más grave como el conflicto armado del cual hoy empezamos a pasar la página.

Así las cosas, el mal emergente con el que tendremos que convivir los colombianos, será la corrupción. Ojalá y que este mal no nos dure tanto como el conflicto armado. No sería justo que las nuevas generaciones aprendan a convivir con este mal, así como las generaciones actuales aprendimos a convivir con un conflicto armado sin sentido. En el entretanto tendremos que seguir orando no sólo porque nuestros gobernantes y quienes contratan con el Estado aprendan a construir relaciones de intercambio basadas en hacer lo correcto, sino porque el proceso de paz, que recientemente inicia con la guerrilla del ELN, llegue a feliz término. Todo esto sin bajar la guardia en materia de delincuencia común, que de alguna manera tiene una causa raíz. Buscar y seguir buscando estas causas seguirá siendo un reto para el Estado colombiano, en el que estamos todos incluidos.

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