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El ángel vino a mí de pronto, me protegió
tenía el rostro de mi madre: “Hijo, has vuelto
a vivir”. Tenía algún tiempo más, supuse,
he de enmendar mis criterios, los actos deben
ser cambiados. Pero permanecí irreductible
hoy podría haber sido ayer o quizás mañana
nada cambiaría, en todo caso
hubiera sido un accidente más, una pequeña nota en los periódicos, algún obituario,
vendría el carpintero a reparar la madera
el vidriero cambiaría el vidrio por uno nuevo, brillante,
la trampa estaría servida otra vez
dando trabajo a otro ángel. “Ves, no quieres reconocer
cuando te equivocas”. “Lo sé, madre, es que siempre
he vivido equivocado. No sé vivir de otra manera”.
El poeta de la vitalidad
Álvaro Miranda, el poeta homenajeado en el 17 Festival Internacional de Poesía de Bogotá que finaliza este próximo domingo, es un samario que se ha movido con igual soltura entre los versos y la prosa. Sus palabras le salen, según lo confiesa, de las tripas, y el humor y la parodia se han convertido en el sello de sus líricas.
Su primer libro de poemas, Indiada, apareció en 1971, y en 1982, con ocasión de recibir el Premio Nacional de Poesía, la Universidad de Antioquia editó Los escritos de don Sancho Jimeno. Su novela, La risa del cuervo, escrita en 1983, obtuvo el primer premio en Buenos Aires y fue publicada en el año siguiente por la Universidad de Belgrano. Reescrita durante varios años y editada nuevamente en Bogotá (Thomas de Quincey Editores, 1992), fue galardonada por Colcultura.
En 2005, el Seminario de Cultura Mexicana y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México lo invitaron a participar en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino, celebrado en la ciudad de Morelia. Otras obras suyas: Tropicomaquia y Cuatro de Lebrija.