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El fin de semana pasado, amabilidad de un generoso amigo, tuve oportunidad de leer el excelente ensayo de John B. Judis, The Populist Explosion.
El fin de semana pasado, amabilidad de un generoso amigo, tuve oportunidad de leer el excelente ensayo de John B. Judis, ‘The Populist Explosion’. Judis logra claridad sobre muchos aspectos del populismo, como el hecho de que el populismo es una creación estadounidense que se extendió a América Latina y Europa, no a la inversa. Para Judis, el inicio del populismo es la creación del People’s Party en la década de 1890, partido que se derivaba de la revuelta de los granjeros, un movimiento de campesinos de las praderas que pedían, tras años de caída de precios y maltrato por parte de las compañías ferroviarias, intervención estatal en la economía. Las alianzas de granjeros, como señala el libro, “creían representar a la gente común frente a la «plutocracia». No aspiraban a abolir el capitalismo sino a reformarlo; un publicitado discurso denunciaba que «los frutos del trabajo de millones son osadamente robados para construir las fortunas colosales de los pocos»”.
Judis adicionalmente explica de manera clara y concisa por qué los populistas —llámense Trump, Berlusconi, Sanders, Maduro, Iglesias, Le Pen o Beppe Grillo— comparten el mismo código genético, indistintamente de que procedan ideológicamente de la izquierda o la derecha. Para Judis, Sanders (quien aspiraba a ser el candidato demócrata) y Trump representan dos variedades del populismo: el populismo de izquierdas y el populismo de derechas. Sanders encaja en la tradición antielitista del People’s Party (aunque partía del socialismo y la socialdemocracia). Con visiones muy distintas, Trump y Sanders coinciden en el rechazo a los tratados comerciales y la inversión extranjera. Sanders, sin embargo, no culpa a los inmigrantes ilegales de los problemas de los trabajadores estadounidenses ni esperaba terminar con el terrorismo prohibiendo la entrada de los musulmanes. Su objetivo era combatir a la “clase billonaria”.
En el caso europeo, Judis señala que hay dos tipos de populismo: un populismo de derechas en el norte (Dinamarca, Finlandia) y un populismo de izquierdas en el sur (España, Grecia). Lo que une a los populistas es la tendencia a colocar en una esquina al “pueblo” y en la otra a los “poderosos”. Los izquierdistas de Podemos en España abjuran de la “casta”, los derechistas británicos satanizan a la “élite liberal”, y Beppe Grillo, en Italia, un ave imposible de definir, pone en el mismo costal de la infamia a los periodistas, los industriales y los políticos. Los populistas, más que nacionalistas, son “soberanistas”: el libre comercio, y sobre todo los tratados multilaterales, no les llaman nada la atención. Al populismo se le compara con el fascismo, pero Judis señala dos diferencias fundamentales: por un lado, el populismo opera en el sistema democrático; por otro, si el fascismo tenía una agenda imperialista, el populismo carece de ese impulso.
Apostilla: El domingo 22 de enero el autor de esta nota fue testigo de los desmanes de la turba de presuntos “antitaurinos”, que en su mayoría estaban pescando en río revuelto. A Petro, quien, acompañado de ese sacamicas que funge como su Goebbels personal, hizo presencia para echarle gasolina al fuego, cabe preguntarle si es capaz de presentarse con su sacamicas en Sincelejo a protestar con igual energía contra las Corralejas.