Economía Trump: ¿para cantar victoria?

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De un lado la tibia posición de la mayoría del Congreso norteamericano republicano, quienes no han alcanzado a dimensionar la magnitud para su nación y para el mundo de las decisiones económicas del presidente. Buena parte de dichas decisiones van justamente en contravía de la mayoría de las posiciones que históricamente ha defendido dicho Partido. Pero de otro lado, sorprende también la euforia con la que el mercado de capitales ha recibido las decisiones, al punto de que por ejemplo el Dow Jones superó recientemente los 20.000 puntos por primera vez en la historia de EE. UU., pero adicionalmente que desde la elección de Trump el crecimiento del mercado de valores es de más del 10 % en otro récord histórico.

Prefiero creer que esta euforia bursátil es el resultado del legado del presidente Obama que logró no sólo que su nación superara la crisis de 2009 aplicando una política monetaria expansiva, mejorando las regulaciones financieras y propiciando estímulos fiscales. El resultado fue que la economía norteamericana pasara de un crecimiento negativo del PIB a cerca del 2 % en 2016, o mejor aún de un desempleo del 10 % a un resultado de pleno empleo en el año 2016 con importantes crecimientos en el salario real de los trabajadores. Y si definitivamente fuese esta euforia en las bolsas por las decisiones económicas recientes en Estados Unidos, bien vale la pena un análisis.

Niall Ferguson, reconocido académico historiador británico vinculado con la Universidad de Harvard, en su reciente libro Civilización, hace un recorrido en la historia de la humanidad para intentar explicar las razones del poderío de la cultura occidental en el mundo y poder encontrar razones que pudiesen llevar a que esto se revertiese. En su trabajo identifica seis razones fundamentales: la capacidad para promover la competencia, las posibilidades para animar y acompañar los avances científicos, el imperio de la ley y el respeto a la propiedad, los avances en la medicina moderna, el crecimiento importante de una sociedad de consumo y la ética del trabajo. Los avances en estos seis frentes explican, entre otras, el liderazgo que ha cumplido Estados Unidos en nuestra sociedad.

Las más recientes decisiones de Trump parecen encaminadas a demostrar que él será capaz de minar buena parte de estas razones que han hecho “grande a EE. UU.” y anticiparían el deterioro del liderazgo en el mundo. A manera de ejemplo, ha sido capaz de poner en cuidados intensivos el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación) que representaba el gran acuerdo del 40 % del comercio mundial, y que le daba liderazgo en el Asia Pacífico y Oceanía. El resultado es que deja en bandeja de plata el campo abierto al liderazgo de China. Algo similar podría predicarse del siguiente campo de batalla con NAFTA con el que además puede perder productos de bajo costo que han generado beneficios a los consumidores norteamericanos.

El proteccionismo predicado por Trump y tristemente respaldado por el mudo Partido Republicano, no es una salida que en el largo plazo deje réditos ni al crecimiento de Estados Unidos ni a sus consumidores. La guerra comercial que tácitamente se emprende con China desde Estados Unidos pone en riesgo al tercer mercado de éste, y con ello a los 2,6 millones de empleos de norteamericanos de las empresas americanas que hoy exportan a China. Como lo dijo Xi Jinping en Davos durante el World Economic Forum, “la escalada de tensiones comerciales no tendrán ganadores, sólo perdedores”.

Pero, además, este modelo proteccionista sumado al populista de aumentar el gasto público y bajar impuestos pueden embarcar a Norteamérica y al mundo en una lógica de corto plazo ya experimentada por los brotes populistas de América Latina. Es posible que esto genere crecimiento y empleo al inicio, pero a largo plazo la economía sufre y el deterioro del sector productivo es peor.

Para corregir a tiempo el modelo económico de Trump se necesita la institucionalidad americana. No hacer esto puede llevar a Estados Unidos y con ello al mundo por una senda económica peligrosa.

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