Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con un cáncer de huesos a los 23 años, los médicos no le daban mayores expectativas de vida. Jonathan Zabriskie tenía la impresión de no haber hecho mucho en la vida y a pesar de que no conocía nada de la fotografía y de que no le interesaba, pensaba que era un medio asequible, inmediato para mostrar y expresar ese mundo que lo rodeaba. El hecho de haber salido del hospital, comprarse una cámara Leica y convertirse en un reportero de guerra nunca fue su voluntad, fue simplemente un recorrido lógico que lo confrontaba a su propia muerte. “No tenía la opción de hacer otra cosa, era algo natural”, afirma Zabriskie.
Recorrió buena parte del mundo dando testimonio de los conflictos armados y de los sufrimientos y esperanzas de los hombres. Después de un accidente en Chechenia, donde fue herido por una bomba, pasó meses en coma en un hospital y al despertar se le ocurrió hacerle un homenaje a la humanidad por medio de retratos a personajes que con sus acciones han cambiado la historia.
En aquel entonces, la gente ya estaba en la fiebre de la fotografía digital y en un consumo neurótico de las imágenes. “Decidí ir en contra de la corriente y me puse a hacer fotografía con una cámara análoga de gran formato que pesaba 25 kilos. Quería volver a la base, a las ideas de Velázquez, de Goya y de Durero”.
Según Zabriskie, la meta de su proyecto viviente es mostrar toda la humanidad, sin tener en cuenta el color de la piel o las opiniones políticas y religiosas, de personas improbables de reunir, que tienen en común una lucha y una defensa de causas e ideales.
Ya lleva más de cien retratos de grandes personajes que protagonizaron la historia del siglo XX, de líderes, artistas, opositores políticos, investigadores, intelectuales,activistas, entre muchos otros.
El primer fotografiado fue Wei Jingsheng, electricista del zoológico de Beijing que se opuso al régimen de Deng Xiaoping en los 80 y fue encarcelado por 18 años para después ser expulsado a Estados Unidos. Este símbolo vivo de la lucha por la democracia fue propuesto cuatro veces al Premio Nobel de la Paz. Esta es sólo una de tantas historias extraordinarias, de tantos retratos que Zabriskie ha hecho, sacando a los personajes de su contexto, confrontándolos con un fondo blanco, la luz y una cámara. Es en esta sencillez y en este encuentro silencioso entre fotógrafo y personaje donde el alma del fotografiado se revela, mostrando características insospechadas y su latente sentido de la humanidad. “Es difícil hacer un retrato, es como la cosa más definitiva que se pueda hacer. Un retrato no debe parecerse a la persona, sino reunirla, captar el interior y el exterior. Para mí significa la expresión del silencio de la persona”, sostiene el fotógrafo.
Según Zabriskie, convencer a los personajes que posen delante de su lente puede resultar fácil y complicado a la vez. El entorno de estos personajes suele ser un obstáculo, “pero entre más la gente es ‘grande’, es más fácil. Cuando la gente es ‘pequeña’, es más difícil”.