Todo es según

Danilo Arbilla
02 de febrero de 2017 – 10:24 p. m.

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“El proceso de diálogo (en Venezuela) propiciado por el Vaticano no ha dado los frutos esperados..”. Esto es lo que piensa y entiende el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y así lo declaró al diario uruguayo El Observador.

Es una primera reacción ¿quién no va a estar de acuerdo con el excanciller uruguayo? Pero, todo es según como se vea.

Para Nicolás Maduro, que personalmente le fue a pedir auxilio al papa Francisco, el diálogo le aseguró una buena cosecha. El sorpresivo interés del papa argentino en Venezuela, instando “al diálogo”, le dio “aire” y tiempo a  Maduro. Este, al “amparo del diálogo papal”, anuló el referéndum revocatorio por el cual sin duda iba a ser destituido, suspendió elecciones municipales, mantuvo los presos políticos (cerca de 70) y avasalló los derechos de la Asamblea Nacional, único órgano democrático que existe en Venezuela.

Por lo tanto, si bien es cierto que para los venezolanos y la vuelta a la democracia en ese país el diálogo no dio frutos de ninguna especie, para Maduro, en cambio,  ha significado una buena recogida.

Almagro insiste y llama a las cosas por su nombre: “Venezuela está en una trayectoria cada vez más autoritaria”, afirma. Reclama a la vez “que es necesario liberar a los presos políticos, que los venezolanos puedan votar y decidir sobre su futuro y que se respete a los poderes”. Está todo dicho. Además el secretario sostiene que se precisa la aplicación de la Carta Democrática (examen que, sin duda, el gobierno chavista no salva, ni con la ayuda del papa).

También en estos días el Congreso de Chile ha reclamado la aplicación de la CD en Venezuela. A esto se sumaría otro dato desfavorable para Maduro: su amigo Ernesto Samper dejó la secretaría de la Unasur y quizás el nuevo secretario no sea tan bolivariano. Evo Morales elogió la gestión de Samper al frente de la Unasur, por cual no hace falta agregar nada más sobre el desempeño del expresidente colombiano (como se dice, a confesión de parte relevo de prueba).

Con todos estos elementos, da para pensar que a  Maduro se le viene la noche. Puede que sí a él, pero surgen dos preguntas ante la  hipótesis de su salida: ¿significa la vuelta a la democracia?, ¿implica el fin del chavismo y del socialismo del siglo XXI?

 En Venezuela están sucediendo cosas raras. En las últimas horas el presidente Maduro delegó una decena y media de “atribuciones presidenciales” al vicepresidente, Tareck El Aissami. Salvo el mando de las FF. AA. y fijar la política externa y cierto sectores de la economía, tiene facultades para “decretar” sobre todo. Por ejemplo, y para citar uno solo, puede “decretar expropiaciones o adquisiciones  forzosas”. Qué feo suena, ¿ no?

Este “pase de mandos” ha sido resuelto con el propósito de “lograr la mayor eficacia política en la refundación de la nación venezolana”.  Esto huele más feo aún.

El Aissami no fue electo vicepresidente, sino que fue designado por el propio Maduro hace unas semanas (cosas de la democracia bolivariana y progresista). A la vez se le puso al frente del “Comando antigolpes” (todo huele mal). Lo primero que hizo fue aumentar en seis el número de presos políticos (entre ellos un diputado). Amnistía Internacional denunció  “una cacería de brujas”.

Como se ve, Tareck entró con paso firme (y quizás con instrucciones muy claras) y ahora se le delegaron más poderes.

Mis contactos en Venezuela no quieren apresurarse a opinar sobre la materia. Por ejemplo, ¿quién lo apoya?, ¿es un hombre de las FF. AA.?, ¿cuenta con el beneplácito de Cuba?, ¿es el paso previo al relevo de Maduro, cuya cabeza en algún momento será necesario hacer caer, y así evitar que caiga “el régimen chavista”?

En fin, varias interrogantes, por ahora sin respuestas concretas y seguras. Uno  de mis informantes solo me dijo que a nivel popular y en ciertos ámbitos políticos lo llaman “El Talibán”, y en apariencia no por su nombre sino por sus métodos.

Caramba, hace unos años, cuando Chávez comenzaba su carrera presidencial fue calificado apenas de “ Pichón de Talibán”.

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