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¡Resucitó Schultes!

El Espectador y el Banco de la República invitan a la conferencia de Wade Davis sobre el profesor de Harvard.

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A finales de los años 30 llegó a Colombia Richard Evans Schultes, doctor en botánica de la Universidad de Harvard, con la misión de investigar el curare: veneno que los indígenas del Amazonas usan para cazar y que podría servir como anestésico y relajante muscular.

Durante los meses que Schultes estuvo interno en la selva colombiana, la Segunda Guerra Mundial arreció y cuando llegó el ataque a Pearl Harbor, el científico quiso enlistarse en el ejército, pero el gobierno norteamericano le solicitó que se dedicara a encontrar en la selva una alternativa al caucho, materia prima  que los Estados Unidos importaba de Asia y que ahora, por la guerra, se veía restringido.

Fue así como el etnobotánico pasó 12 años en nuestro país convirtiéndose no sólo en un experto en hule, sino que lograría clasificar más de 24.000 especies de plantas. Si bien trabajaba para el gobierno estadounidense, su actitud de respeto por los conocimientos de los chamanes y de las tribus de la región hicieron de este científico y explorador un personaje mítico y reconocido en el Vaupés y la Amazonia.

Sus textos e investigaciones sobre plantas alucinógenas y su utilidad en las comunidades indígenas sirvieron de inspiración a escritores y autores de la psicodelia como William Burroughs y Aldous Huxley. No obstante, este etnobotánico no compartió nunca esta visión, así como lo escribió el New York Times en su obituario: “El Dr. Schultes pudo haber contribuido a la era psicodélica con sus descubrimientos etnobotánicos, pero para él estas eran plantas sagradas de los indígenas y tenían que ser estudiadas por su valor medicinal”.

Además de varias publicaciones científicas, uno de los más importantes legados de Schultes fueron los centenares de fotografías con las que registró las personas, las plantas y los lugares que visitó. Hoy, ocho años después de su muerte, la muestra fotográfica La Amazonia perdida  y la conferencia de su discípulo Wade Davis lo traen  de nuevo a la vida en la Biblioteca Luis Angel Arango.

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