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Este jueves, las cuatro naciones del Reino Unido (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) celebrarán unas elecciones locales, cuyos resultados podrían cambiar el rumbo de todo el territorio en la siguiente década. Será una jornada colosal: en Inglaterra se disputarán más de 4.350 escaños en más de 140 consejos (la mayoría de las sillas están en disputa), mientras que en Escocia y Gales se elegirán a todas las autoridades locales. En Irlanda del Norte, la ciudadanía votará los 90 escaños de la Asamblea. Estas son las claves para la jornada y las implicaciones que tienen para el futuro de la nación:
¿El fin de la fiesta de Johnson?
El primer ministro, Boris Johnson, no estará en las papeletas, pero su futuro sí está en juego. Toda la saga del escándalo del partygate, las fiestas secretas que realizó el gobierno durante el confinamiento por la pandemia, podrían impulsar el voto de castigo contra el Partido Conservador. Los tories observarán los resultados de manera minuciosa para decidir si toma acciones contra Johnson, cuyo índice de aprobación ha bajado al 29 %.Más de una docena de parlamentarios ya ha pedido que Johnson renuncie debido a las fiestas, ignorando que los escándalos ya no son una excepción sino la regla en el partido: el parlamentario Imran Ahmad Khan fue declarado culpable de agredir sexualmente a un niño y su colega Neil Parish renunció la semana pasada tras admitir haber visto pornografía en la Cámara de los Comunes. La formación también se ha visto sacudida por las recurrentes acusaciones de acoso y misoginia.
Las fiestas de Johnson, si bien molestaron al electorado, no parecen acercarse al verdadero problema que genera malestar entre los británicos: la inflación. La guerra en Ucrania ha disparado los precios de la canasta básica en Reino Unido, incluso se les ha pedido a los ciudadanos limitar la compra de aceite para cocinar. Si hay un voto de castigo, puede esperarse que la razón no sea el partygate.
Johnson y sus aliados se preparan para una pérdida significativa de escaños a nivel nacional. Según estimaciones de la consultora Electoral Calculus, los tories perderían cerca de 800 escaños en los consejos, incluidos bastiones clave como los de Newscastle-under-Lyme y Crawley. El mal desempeño en los comicios locales, sumado a una gran impopularidad, no es un buen presagio para un primer ministro. Theresa May, predecesora de Johnson, renunció un mes después de perder 1.300 escaños en las elecciones de mayo.
La reacción en el partido podría no ser inmediata, pues el Parlamento no regresa a labores sino hasta el 10 de mayo, día que está dominado por el discurso de la reina. El impacto podría sentirse a finales del mes. Johnson, mientras tanto, defiende que no es conveniente un cambio de gobierno por el desarrollo de la guerra.
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Escocia independentista
Si bien la saga de Johnson es clave, las elecciones del jueves se vuelven más interesantes para los escoceses, quienes elegirán a los cerca de 1.200 concejales. A diferencia de los otros gobiernos del Reino Unido, en Escocia ningún consejo tiene un partido con el control absoluto, por lo que los comicios son la oportunidad para darle “color” al mapa nacional, según los periodistas Ben Butcher y Harry Lewis-Irlam, y “hacer una declaración sobre la dirección política del país”.
En las parlamentarias de 2021, el Partido Nacionalista Escocés (SNP), que busca la independencia del Reino Unido, obtuvo la mayor cantidad de escaños, aunque no la mayoría absoluta. Se espera que el 37 % de los escoceses voten por el proyecto independentista de la primera ministra, Nicola Sturgeon. Todos los ojos estarán en Glasgow, el bastión de los laboristas en Escocia. Si el SNP le arrebata escaños al laborismo y a los conservadores, reflejaría que el interés por la independencia sigue vivo. Esto es importante para Sturgeon, quien insiste en celebrar un nuevo referéndum independentista a finales de 2023, pese a haber sido derrotada en la votación de 2024.
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Un cambio histórico en Irlanda del Norte
El plato fuerte de la jornada estará en Irlanda del Norte, donde el Sinn Féin, el histórico partido nacionalista que busca la reunificación de la isla y alguna vez conocido como el ala política del grupo paramilitar del Ejército Republicano Irlandés (IRA), podría convertirse en la principal fuerza de la Asamblea del país por primera vez en la historia.
La victoria le permitiría al Sinn Féin poner a alguien en el puesto de primer ministro. Según los pronósticos, los unionistas, partidarios de mantener a Irlanda del Norte dentro del Reino Unido, se quedaría con el 19 % de los escaños parlamentarios, frente al 26 % del Sinn Féin.
Esto no significa que Irlanda del Norte vaya a salir del Reino Unido de inmediato, pero sí representará un cambio histórico con cambios en la zona de la frontera irlandesa. Además, los líderes del partido reconocen que su control respecto a la unificación irlandesa es limitado, y depende del gobierno británico convocar un referéndum debido a las condiciones del acuerdo del Viernes Santo.
El éxito del Sinn Féin no se debe a su discurso sobre la unificación, sino a las posturas que ha tomado acerca del aborto o el matrimonio del mismo sexo, las cuales han atraído a más votantes jóvenes. La unificación no dominará la agenda todavía, pero sí moldearía el debate entre sindicalistas y nacionalistas en esta década.
Si todo sale como indican las encuestas, el Reino Unido se prepara para proyectar una imagen no antes vista de su nación. Con el SNP ya en el poder en Escocia, y el Sinn Féin ad portas de conseguirlo en Irlanda del Norte, las fisuras en este matrimonio ya son imposibles de esconder. Ya serían dos cuartas partes del territorio lideradas por nacionalistas, lo cual no es nada positivo para Londres.
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