Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
¿Qué tiene que ver la teoría darwiniana con el arte y los artistas? Ser artista no parece una característica necesaria ni útil para la supervivencia. Cuando Darwin estructuraba su teoría, buscaba en la naturaleza ejemplos que la confirmaran. Sin embargo, al encontrar características como la aparatosa cola del pavo real, en un principio no pudo hallar una explicación. Ésta no sólo era inútil para su portador, sino además aumentaba el riesgo de ser presa de los depredadores. Más adelante Darwin se dio cuenta de que los rasgos esplendorosos aumentaban el atractivo sexual de quienes los exhibían y por ende su eficacia reproductiva.
El psicólogo evolucionista Geoffrey Miller piensa que ser artista es sexy. Se trata de una característica costosa, visible, un ornamento atractivo sexualmente que se desarrolla inicialmente en los machos de la especie humana y pasa genéticamente a las hembras.
Hacer arte es un universal del comportamiento porque ha sido una constante en todas las culturas y en todas las épocas. En los distintos pueblos se practican rituales con la intención de sacar estas cosas de lo ordinario y de “volverlas especiales”.
“Volver especial” es encontrar la manera de que estas acciones artísticas o sus productos causen una experiencia sensual, propongan un estilo nuevo, involucren la atención y la imaginación, representen una idea interesante o bella, expresen emoción o sentimiento y se salgan del promedio.
Hasta ahora no se conocen genes responsables que hagan de nosotros personas artísticas. Posiblemente se requiera un conjunto de adaptaciones (características heredables) que sumadas a un ambiente adecuado permitan el surgimiento de ese impulso tan costoso y llamativo que nos hace volver especiales los comportamientos. Por eso, acciones como cocinar, construir, escribir caracteres chinos y hasta insultar pueden terminar convertidos en obras de arte.
Las siguientes adaptaciones son necesarias para el surgimiento del comportamiento artístico. La inteligencia técnica, que permite imaginar y fabricar herramientas con un fin específico. Esta adaptación aparece desde muy temprano en la historia de la evolución humana: de ahí el nombre Homo habilis. Luego tenemos el conocimiento del entorno y la facultad de atribuir significados.
La capacidad simbólica debe estar relacionada con el desarrollo del lenguaje y podría ser responsable de la aparición profusa de distintas formas de arte. Previo a este desarrollo, el ser humano debió ser un lector experto del paisaje, que veía la proximidad de la lluvia en la forma de las nubes. Venimos dotados con sentido estético. Con esta adaptación reconocemos lo que es conveniente y lo sentimos como bello. Es útil para hacer buenas elecciones. Elegir pareja, por ejemplo, demanda sentido estético.
Otra adaptación es el gusto por perfeccionar. Para sacar algo de lo normal, para ponerlo por encima del promedio y apreciarlo así, es necesario ser capaces de plantearnos objetivos. La forma como se aprende presenta características de búsqueda de economía y de perfeccionamiento. Una vez reconocemos el objetivo intentamos obtenerlo con la mayor economía posible. No somos conscientes de que en todas las actividades que realizamos aspiramos simultáneamente a llegar al óptimo en distintos aspectos. El impulso apremiante por mejorar lo que nos rodea trae como resultado una mejora en los objetos, lo cual aumenta su valor ante nosotros mismos y ante los demás. Mejorar o perfeccionar los artefactos y el hábitat tiene consecuencias positivas, como proteger los objetos y los conocimientos que se consideran importantes para la vida. Es adaptativo perfeccionar, pero esto no significa que lo hagamos de manera consciente.
Venimos dotados en grados variables de sentido estético. Algunos tienen la capacidad de hacer mejores observaciones, poseen mayores destrezas y logran hacerse visibles en el grupo social. A esos los llamamos artistas. La sociedad actúa como ente selector y por tanto es responsable hasta cierto punto de que surjan unas manifestaciones artísticas y no otras; escoge a los artistas representativos y se encarga de adjudicarle valor a sus obras. A Darwin debemos el que hoy podamos entender los mecanismos que mueven la cultura. Este modelo, entendido como un proceso gradual de cambio, nos deja no sólo entender mejor los procesos del arte sino incluso predecirlos.