Cuchillos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Ir por la vida con un cuchillo en la mochila para rasgar esta tensa calma que se extiende y nos extiende, que se hunde y afinca sus raíces y da de frutos más calma y más conformismo, más seguir al mismo ritmo hacia ningún lado y menos lucha, o por lo menos, menos lucha común.

Un cuchillo para hacer trizas los miles de escritos y los nombres de quienes nos han repetido que los que lucharon por cambiar el mundo fracasaron, y un clavo para pegar en una pared, por siempre, nuevos escritos que nos hagan entender que fueron los hippies y los Beatles, y los Rolling Stones y Dylan y Serrat y Cortázar y García Márquez y tantos otros quienes rompieron e hicieron pedacitos los viejos esquemas y empezaron a liberarnos. Un cuchillo para defendernos de los que se subieron al carro de la victoria y se plegaron a lo hecho, lo dado y lo propio, y uno más, para alejar a los que sólo producen sin preguntarse por qué y para qué.

Un cuchillo para cortar cebollas y decir, recordando a Miguel Hernández, “La cebolla es escarcha cerrada y pobre: escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla: hielo negro y escarcha grande y redonda”. Un cuchillo para despedazar los títulos y los diplomas, los cargos, los encargos, las imposiciones y las lecciones de los que se paran frente a un tablero para hacernos creer que son la Verdad, y que la Verdad es la que enseñan desde hace cinco siglos. Un cuchillo y miles de cuchillos para desnudarnos y valorar, por encima de todas las cosas, el descubrirnos y el descubrir, perdiendo el miedo, pisoteando el impulso de competir y la necesidad de ser aprobados. Un cuchillo para destazar la ropa a la moda, las noticias a la moda, las canciones y los libros y las películas de moda, y cortar las sogas que sostienen y siguen sosteniendo ese eterno tema del amor, cada vez más grave, más pesado, más doloroso y absurdo y más prostituido por las modas.

Un cuchillo para remover la apatía de aquellos, tantos aquellos, que creen que todo es inmodificable y por eso en parte no luchan, y revolver los quereres fáciles que se quedan en una primera impresión, los fáciles quereres de un sentimiento y nada más. Un cuchillo para valorar en vez de solo querer, un cuchillo para exigir, un cuchillo para estremecernos y no dejar de estremecernos.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido