Corrupción y antipolítica

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

La paz y la guerra fueron los temas centrales de todas las campañas políticas de las últimas décadas en Colombia y fueron los que definieron los resultados, sobre todo en las contiendas presidenciales.

Si bien el rumbo y la dinámica de la implementación de los acuerdos de paz van a ser temas muy importantes en la agenda política del próximo cuatrienio, seguramente la corrupción va a ocupar el lugar predominante y será la que defina quién va a ser el próximo presidente.

No es casualidad que la corrupción esté diariamente en los titulares de todos los medios de comunicación. O que varios precandidatos a la Presidencia ya hayan expresado que este será el eje central de sus campañas. Lo extraño sería que escándalos como los que se han conocido en los últimos meses, como por ejemplo el de las mafias de contratistas a quienes se les han entregado millonarios contratos para suministrar la alimentación escolar en varios departamentos del país, o el llamado “cartel de la hemofilia”, que reportaba a cientos de personas del régimen subsidiado como enfermos con hemofilia para cobrar millonarios recursos por tratamientos inexistentes, o las denuncias relacionadas con sobrecostos de varios billones de pesos en la ampliación de la Refinería de Cartagena, o más recientemente el escándalo de Odebrecht, para mencionar sólo algunos, no hubieran suscitado indignación.

La corrupción es el principal problema del país. No sólo por su impacto económico y político, sino porque puede poner en riesgo los recursos destinados a los programas y proyectos que se van a invertir en el posacuerdo, permear a las entidades encargadas de poner en marcha los programas diseñados para la atención de las víctimas, los procesos de reinserción y reincorporación a la vida civil de los excombatientes, o las instancias en las que se tomarán las decisiones relacionadas con la justicia transicional. En otras palabras, no solamente puede convertirse en un obstáculo para alcanzar la paz, sino en la oportunidad para recrear algunas de las condiciones que generaron el conflicto y la violencia, para que los corruptos consoliden su presencia en varias regiones del país o entren a ocupar los espacios que han dejado otros actores, tal como ha sucedido en otros países.

No es la primera vez que suceden escándalos de gran impacto y magnitud, como tampoco es una novedad que aspirantes a diferentes cargos de elección planteen que luchar contra la corrupción será su principal propósito. Este es un tema que atrae votos, pero también es un asunto que con frecuencia no pasa de ser una promesa. Esto ha contribuido a la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus gobernantes y en las instituciones y a acrecentar su escepticismo sobre la capacidad y sobre todo la voluntad real del Estado para combatir a los corruptos.

Por esta razón, se debe evitar que este propósito se convierta en un comodín para justificar un pulso político, una competencia para ver quién obtiene más votos o propone más cosas. Tampoco puede ser una excusa para justificar la antipolítica o a los llamados outsiders con el argumento de que todos los políticos son corruptos. Con este tipo de discursos, que en ocasiones rayan en el populismo, se han hecho elegir varios presidentes en el mundo y los resultados están a la vista. Ojo con las generalizaciones.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido