Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Son muchas las conversaciones al respecto de si la cultura organizacional conlleva al éxito de las organizaciones. En realidad, una compañía o cualquier emprendimiento necesita identificar y definir su cultura empresarial. Lo cierto del caso es que muchas empresas o emprendedores se equivocan al tratar de imponer una cultura empresarial. Así las cosas, identificar la cultura empresarial será cuestión de tiempo y de conocer a sus colaboradores, incluso desde la primera entrevista.
Sin duda, existe mucha literatura acerca de la conveniencia de tener una cultura empresarial bien definida de cara a la perdurabilidad del negocio. De hecho, parte de la cultura empresarial está recogida en las planeaciones estratégicas de las compañías y de los emprendimientos. Es decir, cuanto más y mejor se planea el negocio, mejores serán los resultados. Si a esto le sumamos disciplina de los emprendedores, administradores y en general la de todos los colaboradores, la velocidad de respuesta a los resultados será mucho más evidente.
Con frecuencia se escucha decir que la cultura organizacional de una empresa o grupo empresarial, o incluso emprendedores, es la unificación de los colaboradores en pro de un beneficio común: los objetivos de corto, mediano y largo plazo. Esto en parte es cierto. Digo que en parte porque la realidad es que los objetivos los cumple no sólo la gerencia sino toda la organización. Es decir, que cuanto más y mejor están comprometidos los colaboradores con los objetivos, mejores son los resultados. En el papel parece sencillo. Lo realmente importante es identificar el compromiso y alineación de los colaboradores por el objetivo común. De eso es lo que se trata la cultura organizacional.
Así las cosas, la cultura organizacional no es una cuestión de definición por parte de la gerencia o del emprendedor. Es un asunto de qué tanto los colaboradores la compran y consecuentemente la adoptan como su propia cultura. Entonces, el asunto está no en definir la cultura empresarial sino de dos aspectos: 1. Definirla correctamente y ser un garante del cumplimiento de la misma. Para esto hay que ser congruentes. 2. La identificación de personal que realmente se comprometa con la cultura definida. De esto último, poco o nada se controla, pues cada cabeza es un mundo. Lo interesante es que el presidente, gerente o emprendedor, sepa identificar y seleccionar el empleado correcto.
Pretender imponer una cultura empresarial a la comunidad vinculada o interesados claves (Stakeholders), es un craso error. En una organización grande o grupos empresariales con varios años de antigüedad o incluso antiquísima, el reto es más que evidente. En la medida que existan colaboradores antiguos y que se han adaptado a la cultura, no de la empresa, sino de los administradores, los desafíos serán mucho más grandes para una nueva administrador. Conocer a los colaboradores es la principal tarea de un buen administrador, así que la inversión de tiempo —que se traduce en dinero— será más que necesaria.
En el caso de los emprendedores, en teoría el trabajo es más fácil. En la medida que el negocio vaya creciendo, tendrá que contratar más y mejor personal. En esto el reto es saber contratar a las personas correctas, es decir aquellas que se identifican con la cultura definida. El reto para el emprendedor es ser persuasivo al momento de hacer el ofrecimiento de la remuneración. En este asunto es donde normalmente al emprendedor le toca conformarse con su realidad.
Así las cosas, la cultura empresarial seguirá siendo uno de los asuntos por los cuales los administradores y emprendedores deben estar siempre alerta. Lo importante de la cultura empresarial es no imponerla sino persuadirla. En el entre tanto no hay que olvidarse de los objetivos de corto, mediano y largo plazo pues de la cultura empresarial por sí sola no se hace perdurable el negocio.