“El baile de los otros”

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Antes que el verbo fue la danza. Y a pesar del verbo, la danza siguió siendo una de las formas más hermosas de entendimiento entre los seres humanos y de hermanamiento entre los pueblos.

En la película Los unos y los otros, el director francés Claude Lelouch resume y armoniza las historias de guerra y desencuentro de cuatro familias de diferentes países, con el magistral baile de la obra Bolero, de Maurice Ravel, a cargo del bailarín argentino Jorge Donn. También alguna vez bailó Gandhi celebrando la paz, y Mandela, cuando finalizó el Apartheid en Sudáfrica, y en Soweto, miles de personas parecían un solo cuerpo danzando al ritmo de la reconciliación.

Se baila por alegría, para reconciliarse, para conocerse, para reconocerse, para exorcizar la violencia. Desconcierta entonces la alharaca mediática que se armó en el país por el baile de tres miembros del Comité de Verificación de la ONU con guerrilleros del frente 59 de las Farc durante la celebración de la llegada del nuevo año. Lo primero que habría que decir es que era fin de año, que sonaban vallenatos, que estaban en Conejo, en La Guajira, en el Caribe colombiano, y que como dijo alguna vez el gran escritor cubano Antonio Benítez Rojo, “en el Caribe no bailar es tan condenable como la halitosis”. “Ni canta, ni baila ni come fruta”, dice un dicho popular de Cuba para referirse a alguien que carece de vocación en la vida.

Lo segundo que habría que anotar es que las imágenes no se filtraron, no fueron tomadas en la clandestinidad, nadie se estaba escondiendo —la gracia del baile es exhibirse, decir con el cuerpo—, eran parte de las tomas que un periodista de la agencia Efe, autorizado para estar en el campamento, hizo para la elaboración de una nota periodística. (Aquí la nota y el video de la agencia Efe: (http://www.efe.com/efe/america/sociedad/guerrilleros-de-las-farc-celebran-su-primer-ano-nuevo-en-paz/20000013-3138087). Pero claro, faltaba el escándalo de comienzo de año, entonces vino la edición tendenciosa que puso todo el acento en un baile de fin de año.

En la nueva coyuntura, los medios tienen el deber de desarrollar un periodismo serio, documentado y responsable; estar a la altura de las circunstancias que exigen los tiempos, y no seguir alimentado la hoguera de frivolidades, las visiones prejuiciadas, la hipocresía burda y la convocatoria incesante a la esquizofrenia colectiva. Creer que un simple baile es un acontecimiento que puede hacer perder la objetividad y la neutralidad en la verificación de un proceso, es tan ridículo y mojigato como creer que bailar una canción es el preludio inexorable para que una pareja termine en la cama.

No fue un baile ni irresponsable ni inapropiado, fue solo un baile. Y la ONU debería ser más firme en este proceso, y no comportarse como una organización reactiva, que se deja influenciar por la algarabía de quienes han demostrado hasta la saciedad que ningún tipo de baile los satisface. En Los unos y los otros, esa película donde la reconciliación después de la guerra llega desde la música y el baile, uno de los personajes desde el campo de batalla le escribe a su esposa: “Tatiana, amor mío, un hombre que ha conocido la guerra jamás podrá declarar otra. Los que la alimentan, los que las provocan, no tienen ni vínculos ni amor. Seguramente esta es su forma de vengarse de la felicidad de los demás”.

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