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Con un nuevo espacio dispuesto especialmente para albergar exposiciones de alto nivel, la biblioteca Virgilio Barco, junto con la Embajada de Japón y la Japan Foundation, ofrece a los capitalinos la muestra colectiva “Pasaje al futuro: arte de la nueva generación de Japón”.
La exposición reúne 11 jóvenes artistas japoneses reconocidos en su país de origen y cuya obra es relevante dentro del mundo del arte contemporáneo: se trata de Atsushi Fukui, Satoshi Hirose, Maywa Denki, Tomoyasu Murata, Tetsuya Nakamura, Katsushiro Saiki, Masafumi Sanai, Yoshihiro Suda, Tabaimo, Nobuyuki Takahashi y Miyuki Yokomizo.
Esta muestra itinerante ha pasado ya por varios países de Europa como España, Alemania, Inglaterra y Estonia, y ahora en Latinoamérica ha recorrido Chile y Argentina antes de llegar a Colombia.
Con pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías y videos, no es de extrañarse quedarse más tiempo de lo esperado frente a alguna de las obras. Bien sea por medio de obras impenetrables, minimalistas y delicadas (como “Hombre rojo tierra roja” de Yoshihiro Suda, en donde una talla precisa de un pétalo de peonía acompaña a una taza rakú, de té, centenaria) o curiosas y cotidianas (como “Cocina japonesa”, de Tabaimo, que recrea en miniatura la arquitectura de una cocina nipona tradicional y en cuyo interior se proyecta un video animado que sigue la estética del período Edo), es imposible no quedar atrapado en ese mundo intrínsecamente japonés que de alguna manera logra transponerse al nuestro y hacernos ver, acaso con un poco más de atención, los sentimientos y percepciones respecto a nuestra propia cotidianidad.
Si hay algo que se transmite y se hace evidente es que estos artistas, con cada una de sus obras, han decidido rechazar deliberadamente las cuestiones trascendentes que siempre han parecido preocupar al arte, dejar de lado la pretensión de hacer la gran obra, y más bien concentrarse en las supuestas nimiedades y pequeños detalles menores que terminan por ocupar con verdadera profundidad la vida.
En esta muestra las prioridades han sido revisadas y reordenadas y nos ofrecen una mirada desprevenida sobre el acontecer mundial y la contemporaneidad a partir de los elementos que componen el microcosmos de los nipones y del nuestro.
Contemporáneo, futurista, tecnológico, delicado, demente, vanguardista, desconcertante, actual, crítico, veloz pero pausado, intimista y reflexivo, este arte que tenemos hoy más cerca que nunca antes, nos atañe y nos toca en todos los niveles que incluso no hubiésemos sospechado.
“Ha habido gente que se ha quedado horas parada mirando con un detalle y una curiosidad impresionantes todas las obras”, cuenta el guardia de la exposición, con su mirada siempre presente y de la cual nadie se percata, “y he visto a más de uno, solo, en frente de lo que están mirando, llorar y llorar, quietos y conmovidos sin explicación”.