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No tener una red de apoyo o incluso confianza en uno mismo, así como la fata de dinero o de educación financiera, son solo algunos de los obstáculos que se pueden presentar a la hora de emprender un negocio. Más difícil aún es si uno ha llegado como migrantes desde otro país.
Mejorar la calidad de vida en Colombia de jóvenes en condiciones vulnerables, también de refugiados y migrantes de Venezuela en el país, por medio del fomento de sus habilidades, es el gran propósito del programa Joven Pro, financiado por la Fundación Hilton e implementado por la organización Mercy Corps.
A largo plazo, el objetivo es que los participantes del programa, 1.000 en total entre 2021 y 2022, sean “autosuficientes”, ya sea porque lograron emprender (camino en el que reciben un capital semilla) o porque se formaron para el trabajo, lo que los prepara para acceder a un empleo digno, decente y formal.
La idea también es que se formen como líderes y que en sus comunidades puedan replicar lo aprendido. En el marco de la Feria Empresarial 2022, organizada por Mercy Corps y que se llevó a cabo este jueves en Cartagena, hablamos con cinco emprendedores radicados actualmente en esa ciudad.
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Peluches a prueba de pandemia
Cuando Aury Sambrano, de 29 años, vivía en Venezuela, los ingresos de su hogar apenas alcanzaban para lo básico. “Como madre uno siempre se siente mal porque vienen el cumpleaños o fechas especiales, y uno no tiene qué darle al hijo”, dice. Aprovechó el conocimiento que tenía desde pequeña, pues su madre siempre les inculcó las manualidades, y empezó ella misma a hacer peluches y títeres para sus dos hijos.
Cuando emprendió viaje hacia Colombia, hace cinco años, se trajo todos sus materiales, pues aspiraba a seguir fabricándolos, aunque ahora tenía la incertidumbre de a quién se los vendería, pues en esta tierra, en ese entonces extraña, no conocía a nadie. Los empezó a regalar en su iglesia, en donde la motivaron a empezar a venderlos; sin embargo, se sentía insegura, pues creía que no estaban “a la altura” de un muñeco de fábrica.
Finalmente, se atrevió y empezó a promocionarlos por internet. Entonces llegó la pandemia y, con ella, el cierre del comercio y las dificultades económicas en los hogares. Difícilmente alguien le compraría. No obstante, una vez se inició la reapertura, empezó a recibir pedidos. En 2021 ingresó al programa de Mercy Corps, en donde aprendió a sacar las cuentas de su empresa, algo que le costaba mucho, pues las matemáticas, como señala, eran de lo que más le “chocaba”. Con el capital semilla pudo adecuar mejor su espacio, comprar una máquina de coser, entre otros. Su próximo paso: abrir un local comercial para vender los productos de Peluchines (@peluchinesoficial).
Emprender con el ánimo de enseñar
Paola Hernández tiene 22 años. En su natal Venezuela empezó a estudiar odontología, pero, como ella señala, “por la situación allá no pude seguir la carrera y emigré a Colombia”. Primero llegó a Maicao, en La Guajira, en donde “la experiencia fue bien dura”, pues apenas se estaba empezando a adaptar a una nueva tierra y una cultura distinta, y no le fue tan bien como le ha ido en su ciudad actual de residencia, Cartagena.
Cuenta que en 2021, luego de haber recibido atención médica en la Fundación Juanfe, fue contactada por Mercy Corps para formar parte de Joven Pro. De su paso por el programa destaca haber adquirido valiosos conocimientos en el manejo de la economía, pero también a nivel personal. “Esas clases nos ayudan a entender que no tenemos que ver siempre las cosas malas como malas, sino entender por qué y para qué sucedieron”.
En cuanto a su proyecto, tenía la posibilidad de decidir entre capacitarse para el trabajo o emprender. Se fue por lo segundo, pues tenía una idea de negocio. En Venezuela había aprendido el arte de hacer uñas. Actualmente trabaja desde su casa, en donde ha capacitado a otras mujeres, pero sueña con tener su propio local y poder “generar empleo, crear una escuela y que la gente se quede trabajando”.
Su negocio se llama Trendy Nails Paola Hernández (nails.paolitahzmz en Instagram). Dice que con Colombia no tiene más que agradecimiento. Aquí, además, conoció a su esposo, también venezolano, con quien ahora tiene una hija de un año.
De empleado a emprendedor
José Gregorio Brito llegó de Venezuela a Colombia hace cinco años. Por medio de la organización Caribe Afirmativo, aliada de Joven Pro, llegó al programa en 2021. “Fueron conocimientos muy buenos porque te ayudan a aclarar las ideas de lo que quieres hacer, te ayudan con información para que planees tu negocio o microempresa”.
Hoy, con 28 años, destaca además haberse encontrado con muchas personas en su misma situación, “que salieron de su país con una mano adelante y otra atrás, eso te ayuda a tener un apoyo y ganas de surgir y progresar”. No obstante, señaló que en Cartagena “la gente es muy empática, amable y cordial; me siento como en casa, no tengo queja”.
Su negocio es la peluquería. En esto ya tenía experiencia, pues él y su pareja solían trabajar en la zona turística de Bocagrande. Sin embargo, cuando llegó la pandemia se quedaron sin empleo. Esto les sirvió de empujón para volver a su idea inicial de montar su propia empresa: Yorbys Terán Peluquería.
A través del capital semilla que recibió, pudo mejorar el negocio. “Teníamos suficiente producto para ofrecer, estoy haciendo publicidad y sacando promociones, porque como pude comprar al por mayor puedo ofrecer mejores precios, pude acondicionar el espacio y pintar la peluquería, por ejemplo”, cuenta.
La importancia de la mezcla entre recibir formación y capital es que “te impulsan a saber utilizar el recurso que te dan. Para el futuro quiero fomentar más el negocio y capacitarme para poder expandirme”, concluyó.
El empuje de Bella Crespa
Diana Paola Miranda, de 26 años, es palenquera, pero en 2019 se mudó a Cartagena. Lo suyo son los tratamientos y tónicos capilares a base de plantas naturales. Los prepara ella misma; sin embargo, antes de recibir el capital semilla que le ayudó a mejorar su empresa, su única opción era prepararlos en leña. Con los recursos que obtuvo pudo, entre otras cosas, comprar una estufa industrial, ollas adecuadas, más materia prima y hasta pendones publicitarios.
Junto a su mamá y su esposo, quien hace las entregas a domicilio, trabaja desde su casa y entre sus avances más recientes está haber creado redes sociales para promocionar los productos de Bella Crespa, como se llama su negocio, nacido en medio de la pandemia (bellacrespa2022 en Instagram).
No obstante, para ella no solo fue clave el dinero que recibió, sino las herramientas que le dieron para saber administrar, por ejemplo, el flujo de caja. “Son herramientas de las cuales a veces uno no tiene el conocimiento”, explicó.
Pese a que la formación ya terminó, asegura que sigue en contacto con sus formadores y compañeros. Diana Paola fue una de las emprendedoras que pudieron mostrar sus productos el jueves en la muestra comercial organizada por Mercy Corps.
Hacia el futuro, al igual que varios de sus colegas empresarios, sueña con tener un local físico en un sector más comercial, “donde tenga más visibilidad y para poder llegar a otro público”, y seguir creciendo, con la aspiración “de ser mejor persona y brindar algo mejor a mi hija”, señaló.
Los frutos de ponerle empeño
Cruzar unas palabras con Andrés Felipe Galvis es suficiente para saber que es un cartagenero con muchas ganas de “salir adelante”, como asegura él. Desde pequeño le gustó el oficio de barbero, sin embargo, no tenía suficiente tiempo y sentía pena de pedir que le enseñaran, así que aprendió por sus propios medios, a través de tutoriales y videos en internet.
Un día decidió empezar a “motilar” en el patio de un amigo, y cuando cogió confianza empezó a hacerlo en su terraza, a la vista de todo el mundo. “Quería experimentar qué se sentía motilar mientras la gente pasa y te ve, y ahí me solté”, cuenta.
Al principio no cobraba. Duró más de un año sin recibir un solo peso por su labor, hasta que el año pasado entró a Joven Pro, fundamental para él, pues no “es solo tener un negocio, sino saberlo administrar”. También “proyectarse a futuro, entramos de cero y salimos con una idea clara en la mente”.
Su compromiso con el programa y con su negocio multiplicaron sus oportunidades: “Mi abuela me dijo: ‘Como tú sigas en eso te ayudo económicamente para que hagas un localcito’. Y así fue”. Después vino el capital semilla que recibió, con lo que pudo comprar la silla de barbero, un mueble y máquinas.
Ya “montado” podía ofrecer un mejor servicio, lo que también le permitió cobrar un poco más por esto. Ahora aspira a moverse a un espacio más grande y brindar empleo. “Tengo dos amigos que motilan desde su casa y uno de ellos es venezolano, quiero ayudarlo”, asevera.
Para este artículo no quiso todavía compartir las redes sociales de Progress Barber, pues están en construcción: “Quiero ampliar la marca, tanto física como digital. Me gustaría allí promocionar los servicios, los cortes”, añadió.
Sobre el porqué del nombre de su negocio: “Siempre he dicho que todo en esta vida es un progreso y si no pones empeño no verás los resultados”.
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