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El alcalde Gustavo Petro ya lo ha confirmado varias veces: definitivamente no venderá más agua en bloque a los municipios de la sabana, con el fin de desestimular la expansión urbana en zonas rurales y evitar daños ambientales para la región.
Sin embargo, pese a que en muchos escenarios, tanto el mandatario como el gerente de la Empresa de Acueducto de Bogotá, Diego Bravo, han insistido en las razones que obligarían a la ciudad a negarse a este tipo de venta, tanto los constructores como los demás afectados por la medida, siguen preguntándose si Bogotá realmente tiene una justificación para cerrar la llave a nuevas construcciones en la sabana.
El Espectador conoció las conclusiones a las que llegó un grupo de investigadores de la Universidad Nacional, dirigidos por el experto en geología y pedología (ciencia que estudia el suelo) Sergio Gaviria, y que sustentan la polémica decisión del alcalde.
De acuerdo con los estudios liderados por Gaviria —que ya suman más de 10 años—, si se sigue vendiendo agua en bloque a los municipios de la sabana, “promoviendo la expansión y la conurbación con grandes proyectos de construcción fuera de los perímetros urbanos y de servicios, se terminará promoviendo la insostenibilidad ambiental y social del territorio”.
Lo más grave que advierte la investigación es que además se incrementaría el riesgo de desabastecimiento por el deterioro de la calidad del agua en la región.
¿Por qué ocurriría esto?
Actualmente el 70% del agua que consumen los bogotanos viene del Sistema Chingaza, el 30% restante llega desde la planta de tratamiento de Tibitoc y abastece a municipios del norte de la sabana y parte de la capital.
En Tibitoc se trata el agua de los páramos del norte de la sabana y las aguas contaminadas del río Bogotá en la parte alta. Sin embargo, debido al crecimiento de la urbanización y la ocupación en los últimos años, estas aguas se han vuelto “muy difíciles o imposibles de potabilizar”, como señala la investigación. Si a esto se suman las aguas negras que aportarían mayores desarrollos (actualmente hay 80 proyectos urbanísticos planeados para la zona), la planta no tendría la capacidad para descontaminarlas, generando así un desabastecimiento por mala calidad.
“Con la política actual de expansión de la vivienda en la región se está provocando a un futuro no lejano la inutilización de 6 m3/s del río Bogotá en la planta de tratamiento de Tibitó”.
Además, de acuerdo con los estudios, el aumento de aguas residuales en zonas rurales incrementaría los riesgos en épocas de invierno. Entre más contaminadas estén los ríos que corren por la sabana, éstos serán una bomba de tiempo que podría explotar con inundaciones aun peores que en las pasadas temporadas de lluvias.
Sumado a esto, el análisis de Gaviria también tiene algo que decir ante la posibilidad de que los constructores empiecen a usar aguas subterráneas como alternativa ante la falta de agua para sus proyectos. “Es el peor error que se puede cometer, porque estarían utilizando una fuente no renovable con graves efectos ambientales”.
Investigaciones de la Universidad Nacional e Ingeominas han señalado que la utilización de aguas subterráneas incidiría en hundimientos del suelo. “En este sentido, planear urbanización dispersa en la región, con fuentes alternas de agua subterránea en proyectos que no cuentan con la llave del Acueducto, es una respuesta coyuntural de peligrosa insostenibilidad”.
Por otro lado, Gaviria insiste en que la sabana de Bogotá fue declarada como área de interés ecológico nacional y su uso debe ser agropecuario y forestal, lo que sería otro motivo para terminar la venta de agua en bloque.
Por el momento la relación entre Bogotá y Cundinamarca está cada vez más tensa. Hoy el gerente del Acueducto y el gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, se reunirán una vez más para discutir esta polémica decisión y analizar las conclusiones a las que llegaron los expertos en el tema, pero todo indica que Bogotá no piensa abrir otra vez la llave.
Lo que dice Cundinamarca
El gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, insiste en que la negativa de Bogotá de suministrar agua en bloque a los municipios de la Sabana puede traer graves efectos para el desarrollo de la región. Cruz señala que si no se desarrollan programas de vivienda organizados en zonas de la Sabana en las que aún queda suelo disponible, la expansión seguirá dándose de manera desordenada, generando mayores efectos negativos. Insiste además en que la contaminación que denuncia el Acueducto, y en la que se basa para no vender agua en bloque, no sólo se produce en la cuenca alta: “El distrito también ha estado contaminando el río Bogotá, afectando los municipios de la cuenca baja, desde Soacha hasta Girardot, municipios que anteriormente utilizaban el agua para sus necesidades agropecuarias”.
Según Cruz, tanto Bogotá como los municipios tienen derecho al líquido: “Más del 95% de esta agua viene del departamento, los embalses están construidos en Cundinamarca, y Bogotá se ha beneficiado”, asegura.