Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La reglamentación, muy obsoleta, debe actualizarse antes y no después de la campaña presidencial .Y no solo debe limitarse a encuestas.
Resultados que, en la superficie, contradijeron las encuestas en tres importantes elecciones, Brexit, Estados Unidos y el plebiscito de Colombia, dieron lugar a un pesimismo generalizado sobre su confiabilidad.
Sin embrago, una mirada en detalle muestra que en Estados Unidos acertaron al anticipar, en promedio, el resultado final que dio ventaja a la señora Clinton por 2.5 millones de votos, 1.5 %, cifra muy parecida a la pronosticada por firmas como IBD, Rasmussen y Bloomberg la semana anterior a la elección. El conteo de delegados estatales permitió ganar a Trump por menos de 150.000 votos repartidos en tres Estados que cambiaron el panorama general.
Tanto en Reino Unido (3.8%) como en Colombia (0.4%) la elección estuvo muy pareja, pero mientras en R.U un día antes el promedio de encuestas mostraba empate técnico (45-44) y un 10% de indecisos, cifras que coinciden con los escrutinios, en Colombia no ocurrió así. Las últimas encuestas arrojaron resultados a favor del Sí: Gallup 67.6- 32.4, Cifras y Conceptos 62-38, Datexco 55-36.6, Ipsos 66-34.
Vale recordar que comenzando agosto Ipsos publicó un estudio que mostraba 50-39 a favor del No, el cual contradecía a todos los demás lo que originó un debate público acerca de la metodología y tamaño de las muestras. Luego el Consejo Nacional Electoral expidió la resolución 1733 que estableció, entre otras cosas, un muestreo mínimo de 1000. A diferencia de USA y Reino Unido en Colombia sí fracasaron las encuestas poniendo de presente problemas en la metodología, falta de información en la presentación y vacíos en la legislación.
Por supuesto existe un problema regulatorio pero su solución solo puede resultar de un trabajo conjunto entre Academia, Organización Electoral, medios y encuestadoras, y no como una imposición que podría contrariar principios constitucionales como la libertad de información. A favor de la organización electoral debe decirse que, a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos donde el candidato ganador objetó anticipadamente los resultados y los perdedores pidieron recontar, en Colombia nadie lo hizo, salvo por una denuncia razonable acerca de los efectos comprobables del Huracán en la participación atípica de la Costa Caribe.
Debe aprovecharse la ocasión para actualizar nuestra legislación electoral. Tan preocupante, sino más, como la divulgación de encuestas mal elaboradas o inadecuadamente presentadas , es el uso inapropiado de las redes que, en plena revolución cultural inducida por ellas, se están convirtiendo en epicentro de un debate soterrado en el que a partir de desarrollos científico tecnológicos, como la trazabilidad de preferencias, agregación de datos y uso de algoritmos y Robots , pueden ser utilizados con “mejores” resultados para la manipulación de electores sin que la ciudadanía y la legislación se ocupen del asunto adecuadamente. Sin que, siquiera, se den cuenta. Lo mismo ocurre con el uso de mentiras presentadas en las redes sin ninguna responsabilidad editorial y mucho menos legal.
Mientras nos ocupamos de delitos “tradicionales” como compra de votos, trasteo de votantes etc., formas más sofisticadas de fraude, en esta era de la revolución digital, hacen estragos. Hoy cualquiera, con suficiente información, puede saber más que nosotros de nuestras preferencias, emociones, sentimientos y gustos, usándolos inapropiadamente para manipular decisiones políticas. Ahora los hackers fungen como politólogos. Corresponde al Estado protegerse, es decir, protegernos.
Al margen de una urgente actualización,en Colombia ocurrió un hecho excepcional, pero eso no descalifica los estudios de opinión como una herramienta importante en las decisiones y el análisis político