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¿Cómo se vive un clásico? (I) (Fútbol paradójico)

“Va a llegar un noviembre en el que Brasil no va a existir más, Argentina no va a existir más y el fútbol entre Argentina y Brasil tampoco va a existir más. Por la literatura van a dejar de existir”, Ariel Scher.

BARCELONA, 26/03/2023.- 92.522 espectadores asisten al evento de la Kings League, una competición de Fútbol 7 transmitida en su totalidad por "streaming" que se celebra este domingo ante 90.000 espectadores en el Spotify Camp Nou, en Barcelona. EFE/Marta Pérez
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Foto: EFE - Marta Perez

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Primero, es muy importante seleccionar los ingredientes que han de tener los clásicos. Los clásicos son clásicos, dicen, porque han pasado la prueba del tiempo y, en consecuencia, es menester conocer cuáles de los escritores universales han atravesado dichos umbrales temporales”. Ojo, no sé quién se metió en esta historia porque yo quería hacer alusión a los clásicos en el fútbol. “Sí, pero en el título de la columna no se alude al fútbol por ninguna parte”. Bueno, acepto, ganaste, voz entrometida. Vale la aclaración y, por estas razones, voy a hacer algunas observaciones alrededor de los tradicionales, fantásticos y arriesgados clásicos en el fútbol. Gracias por la apostilla, voz oficial de esta columna (desde que hay fútbol hay clásicos). Veamos algunos ejemplos para responder a la pregunta del cuestionado título, según una voz entrometida.

Para empezar, en Escocia hay una histórica rivalidad demarcada por un asunto eminentemente religioso, pero que no se resuelve en el fútbol porque este clásico tiene orígenes en 1888. Aunque se enfrenten dos colores distintos: verde y blanco contra azul y rojo (¿Nacional-Medellín? No), hay un enfrentamiento simbólico entre proirlandeses y los partidarios del Imperio británico; es decir, un partido de fútbol que deriva en un juego entre trabajadores contra burgueses o, mejor, entre republicanos y nacionalistas. A este partido clásico en Escocia se le conoce como The Old Firm y ha tenido consecuencias trágicas: Celtic representa una ideología católica y Rangers, la más opuesta: la protestante. Un clásico que ha dejado jugadores muertos, John Thompson, por ejemplo, y unas 66 personas muertas por una avalancha en un partido que terminó empatado.

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Dos curiosidades más: Mo Johnston jugó en el Celtic y pasó a Ranger y se convirtió en el primer católico en una alineación protestante (¿se imaginan los abucheos para este jugador en dichos clásicos? Le decían Judas). Y miren esta dimensión simbólica que raya con lo delirante: Artur Boruc, portero del Celtic, fue sancionado por persignarse cuando entraba al campo de juego. ¿La razón? “Incitación a la violencia”, fue la respuesta. La historia de ambos equipos es amplia porque son los que más copas han ganado en Escocia, pero esa rivalidad no se reduce al partido de fútbol, se sale del terreno de juego y se inserta en las ideologías políticas, sociales y religiosas. Por eso se sostiene que un partido de fútbol va más allá de un partido porque se juega a otras dimensiones, a otros lenguajes que determinan valores culturales que se viven en la cotidianidad.

Hay un escudo que representa la cruz celta y el trébol contra un escudo que defiende un león rojo y que dichos escudos y colores derivan en sectarismos encarnizados desde el siglo XVII. ¿Cómo se vive un clásico? Homero, Borges, Cervantes, García Márquez, Virginia Woolf, Isabel Allende y otros han pasado la prueba del tiempo y, por ello, son clásicos de la literatura universal, pero se enfrentaron a ellos mismos, vivieron sus propios clásicos de horror, de las pasiones y de la muerte en su propia soledad. También habitaron sus miedos y siguen jugando fútbol, el que han imaginado.

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No se trata, en consecuencia, de un juego de 11 contra 11; más bien, hay unas diásporas políticas y antropológicas que anuncian que el fútbol es la fiesta universal por excelencia y es capaz de unir, desunir, tensar, pero, al final, hay treguas que salvan vidas mientras se juega por el prurito de jugar; es decir, reír, cantar, disfrutar, aunque después lleguen el rigor, la seriedad y la muerte. El fútbol “dispara” razones para la alegría y contrae emociones para la humanidad, por eso es enigmático y paradigmático.

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