Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
¿Cómo un candidato sindicado de evadir impuestos; contratar en sus empresas, para pagarles menos, a los inmigrantes que promete expulsar; sin experiencia alguna en gobierno, y de hacer una fortuna a base de trampas, tiene posibilidades de ganar?
Que los antecedentes sexuales de los candidatos y sus parejas se conviertan en eje del debate presidencial suena raro, en el país donde comenzó la revolución sexual y se desarrolló la emancipación femenina (Seneca Falls); cuna de Libertades y primera potencia económica y militar. El país de Walt Whitman y Bob Dylan; la nación decisiva en la derrota del fascismo. El mismo donde se desencadenó la crisis de 2008, de la que todavía no se recuperan clase media y trabajadores que perdieron viviendas y empleos.
Muchos han olvidado la calamitosa situación en que recibió la economía el presidente Obama quien desde el inicio de su gobierno ha creado más de 15 millones de puestos de trabajo, bajando el desempleo a la mitad desde 2009; redujo en más de un 37% la población que no tenía seguro de salud y mantuvo, pese a la dura oposición que en algún momento llevó al cierre del gobierno, unos niveles de crecimiento más que aceptables llegando al final de su mandato con un 55% de aprobación. Continuar esa senda es una promesa de la señora Clinton que enfrente se ha encontrado a un multimillonario egocéntrico dispuesto a invertir otros 100 millones de dólares para ser elegido, como fanfarroneó la semana pasada.
Teniendo tantos problemas por resolver, entre ellos la consolidación de la recuperación económica y el déficit fiscal y comercial ¿Cómo es que la campaña ha estado centrada, y se puede definir, por asuntos tan “banales”?
Una primera razón es la influencia de emociones y sentimientos, por encima de un análisis racional, en las decisiones electorales ¿y el programa? Se confirma, lamentablemente, que su peso no es muy grande. En política contemporánea, como en las tragedias épicas fundadas en mitos, lo que no explica la razón lo resuelve la pasión, es decir, emociones y sentimientos. Odios recónditos a veces ancestrales. Y en ese campo, el de su manipulación, Trump ha demostrado estar muy bien asesorado.
Por eso comenzó su campaña atacando la inmigración hispana y ganando popularidad en los ciudadanos blancos, empobrecidos por la crisis, entre los que ha perdido credibilidad la política y el sistema de partidos. Aunque se ha sustentado en sectores decididamente racistas, la semana pasada ofreció un “new deal” también a los negros prometiéndoles recuperar empleos mediante la expulsión de inmigrantes, después del muro en la frontera con México, claro. En la campaña Trump, igual que en la derecha francesa, Alemana e inglesa, racismo y odio superan la razón, como en el Brexit. Ingredientes de una receta que se estrenó en la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Como ellos, se presenta como una alternativa anti establecimiento, pero Trump es una muñeca vieja con vestido nuevo; una furiosa y populista que vocifera incongruencias para atraer la atención.
La globalización se ha caracterizado por fenómenos como la reestructuración productiva mundial (Traslado de producción a países más competitivos con salarios bajos y escasas normas ambientales, como China) generando desempleo en aquellos en que resulta más costoso producir, como Europa y Estados Unidos. Los Estados nacionales se han convertido en espectadores de un flujo de mercancías del que reciben pocos impuestos acentuándose, como una epidemia potenciada por la corrupción, la crisis fiscal de los gobiernos. Por eso muchos se preguntan hasta donde son compatibles democracia y globalización en un periodo conflictivo en que ha renacido el populismo afianzado en sectores empobrecidos con la mundialización. “América será grande de nuevo” les dice Trump al oído aprovechando esa inconformidad. No dice si para ello usará “su” arsenal nuclear, pero lo deja entrever.
¿Tiene posibilidades de ganar? Mucho depende de lo que ocurra en Estados claves como Florida, Pensilvania, New Hampshire, Carolina del Norte y Nevada, en los que hoy gana Clinton, y Ohio, Iowa y Georgia, en los que hoy gana Trump. Las apuestas dan 82-18 a favor de Clinton y un promedio de encuestas elaborado ayer la favorece 47.1%- 42.5%.
Pero no podemos olvidar que algo parecido ocurría en el Brexit y en nuestro plebiscito. La comunidad hispana, vilipendiada por este personaje, no puede ser indiferente.