Publicidad

¿Dejar de entrevistar políticos?

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Una de las nuevas realidades del periodismo en tiempos de Internet es la interacción.

Los consumidores de medios pueden, a través de plataformas como Twitter o Facebook, cuestionar nuestro trabajo, criticar una entrevista, sugerir un asunto para investigar. Todo ello en tiempo real. Haríamos mal los periodistas en ignorar las preocupaciones de la gente, en pasar de largo por sus comentarios como si no tuvieran valor alguno. Y en estos últimos días de tanta esquizofrenia informativa, muchos oyentes han cuestionado las entrevistas que en distintos medios se ha hecho a los promotores del No en el plebiscito. Hay, en general, dos argumentos: 1) el acuerdo no corresponde solo a los políticos, que ya han balbuceado suficiente, por ello es momento de dejar de oírlos a ellos y empezar a dar voz a las víctimas. 2) el Gerente de la campaña por el No (echado a la calle como perro de una Iglesia) aceptó, en un tierno acto de inocencia, que toda la campaña se basó en mentiras completas, medias mentiras, verdades a medias. Los políticos que representaron el No, por lo tanto, han perdido la legitimidad de seguir hablando. Los medios, concluyen, no podemos permitir que los mentirosos nos sigan utilizando como marionetas, como voceros de sus engaños.

Bien. Detengámonos en el segundo argumento. ¿Deberíamos los medios dejar de entrevistar al senador Uribe, a Holmes Trujillo, a Oscar Iván Zuluaga? Y el dilema, me parece, empieza acá: ¿qué hacer, entonces, con los voceros del Sí, que también mintieron pero menos? Si entrevistamos solo a uno de los dos actores en este debate político, ¿no estamos rompiendo una regla esencial del buen periodismo, dar voz a todas las partes protagonistas de una noticia? La respuesta es clara, Sí. Ahora, ¿importa eso?, ¿qué pasa si definimos que el periodismo de nuestros tiempos no requiere de esa falsa equivalencia? En una caricatura explico este concepto. Un periodista entrevista (o cita) a un científico que explica por qué la tierra es redonda. Y justo después entrevista (o cita) a otro que explica por qué la tierra es plana. Esta falsa equivalencia, dar voz a todos, pone a una verdad y a una mentira en un mismo nivel. En pocas palabras, la verdad y la más descarada de las mentiras, valen igual. ¿No es esto muy peligroso?

Acá, sin embargo, no se resuelve el problema. Porque, entre otras razones, ¿quién es quién para determinar tajantemente lo que es mentira y lo que no? Hay asuntos indiscutibles, la tierra es redonda, el cambio climático existe, la reforma tributaria perjudica a la clase media… pero muchos otros no se pueden leer en códigos de blancos o negros. ¿Mintió el uribismo en la campaña por el No en el plebiscito? Lo dijo el gerente de esa campaña. ¿Y la contraparte? También. ¿Quién tiene la medida exacta para determinar el nivel de las mentiras, su altura y su volumen? Alguien dirá, con sentido común, que no se entreviste a ninguno, que no se le dé voz a ningún actor político. Sí, pero surge otro problema: son ellos, nos guste o no, los que terminarán decidiendo la suerte del acuerdo de paz. La gente, nosotros, la sociedad civil, hace lo suyo marchando, exigiendo, protestando. Todo ello legítimo. Al final, son ellos, los mentirosos de siempre, los que decidirán.

Yo he dejado de creer en esta falsa equivalencia. Sentado en una mesa que hace entrevistas a los políticos que a todos nos indignan, también he querido gritarles que dejen de mentir, que no sean descarados, que sean responsables. A pesar de las criticas, muchas de ellas justas, hay colegas que tratan, día a día, de dejarlos en evidencia, de confrontarlos con datos, cifras, hechos, de señalar sus repetidas mentiras sin temor. En Estados Unidos, por ejemplo, están en el debate de qué hacer con Trump, cómo cubrir sus declaraciones, qué decir de él no en las páginas de opinión, sino en las secciones informativas. Y han decidido. Algunos medios como el New York Times y el Washington Post han declarado, abiertamente, que están contra Trump, lo han llamado mentiroso, racista y abusador sexual EN las páginas de noticias. Han optado por olvidar el principio de dar voz a todas las partes y han empezado a editorializar incluso en la información. Es, de alguna manera, entrar de frente en el terreno del periodismo militante. ¿Es allí hacia donde tendríamos que mutar?. ¿Es esa una solución en la era de la mentira?

@espinosaradio

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido