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Consecuencias ideológicas y programáticas de la paz para los partidos

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¿En la campaña de 2018 mantendrán las posturas frente a los acuerdos con las Farc?

Una salvedad. Eso fue lo que les faltó a los partidos de la coalición del Sí para que la genuflexión política en el plebiscito no les pase factura en las elecciones de 2018. Han debido decir, una y otra vez: «salvo porque en condiciones normales tendríamos estas objeciones, cuenten con nuestro respaldo en esta cuestión en particular».

O en otras palabras: «si no fuéramos tan culiprontos con el poder presidencial, buscaríamos la forma de que los electores entiendan que al apoyar la refrendación del Acuerdo Final no estamos firmando que las ideas y políticas contenidas en él reflejan nuestro pensamiento político y agenda programática».

Ah, pero un momento. Los partidos todavía no se han percatado de la relación ideológica y programática entre 2016 y 2018. Concurrieron alegres al acto que entronizaba en la propia Constitución la plataforma de un nuevo partido rival, ¿y piensan salir como si nada en 2018 a decirles a los electores que tienen otras ideas sobre la reforma rural, por ejemplo?

Así nuestros partidos no sean tan serios, hay que hacerles notar que la forma en que enfrentaron las decisiones del proceso de negociación de La Habana compromete su credibilidad hacia el futuro.

En concreto, quisiera destacar dos rompimientos del consenso ideológico y programático básico del sistema político colombiano.

1)  «El fin justifica los medios legislativos». El presidente Santos deja de legado un manual sofisticado para maniatar el Congreso y hacer cambios constitucionales al gusto que podría ser usado por un mandatario más popular. Los partidos, los medios, buena parte de la intelectualidad y millones de ciudadanos fueron educados en la idea de que ciertos bienes o derechos bien valen anular pasajeramente la separación de poderes o usurpar funciones del constituyente primario. «Si lo aceptaron para la paz, pues que se acepte para la igualdad o la seguridad». 

El pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre el Acto Legislativo de 2016 para la paz será crucial. El acuerdo procedimental sobre la democracia ya no es lo que era. Ahora ningún partido es confiable en esta materia.

2)  «Queremos una democracia comunitarista». Venimos luchando para mejorar la democracia en sus dimensiones representativa y participativa, pongamos 25 años, y el gobierno aceptó en La Habana adentrarnos en una concepción de contrapoderes comunitarios que no dependen de la validación democrático electoral.

No hay que confundirse: ese tipo de democracia directa no está en la Constitución, y aplicada también a la Colombia urbana, implica un tipo de sociedad de espaldas a la modernidad y contraria a la modernización. ¿Cómo querrán llamar los partidos el nuevo ideal de democracia  al que se suscribieron sin chistar? ¿Posliberal?

Asumamos que el presidente se atreve, como parece, a ignorar el resultado del plebiscito y comienza a implementar la mayor parte del Acuerdo Final, ¿qué van a decir los partidos cuando sean evidentes las limitaciones del enfoque de desarrollo rural basado en el minifundio, por ejemplo? La bipolaridad programática no es buena en la competencia político-electoral. @DanielMeraV

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