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La semana pasada se habló mucho sobre la propuesta de incluir un monotributo para los pequeños comerciantes en el proyecto de reforma tributaria.
El monotributo cumplirá varios objetivos necesarios en este momento de la economía colombiana. Primero, simplifica el régimen tributario y eso, según las diferentes encuestas, es una de las grandes preocupaciones de los pequeños comerciantes. El régimen actual es engorroso y costoso de implementar en este tipo de empresas. Segundo, el monotributo ayuda a la formalización de este tipo de empresas y, en gran medida, a sus dueños y trabajadores, logrando el doble objetivo de formalizar empresas y personas. Tercero, al participar en el sistema y formalizar sus negocios se hacen más partícipes de las decisiones estatales y son más sujetos políticos. Cuarto, al formalizarse pueden acceder al sistema financiero formal para obtener financiación de sus actividades productivas y comerciales a menores costos y más plazos, dejando de lado el crédito informal con sus elevados costos y riesgos.
El ministro Cárdenas ha mencionado que el monotributo entraría en operación para los pequeños comerciantes que ya declaran impuesto a la renta y no ampliaría el universo de declarantes. Esto se podría hacer en segundo impulso.
El monotributo ha sido usado alrededor del mundo y sus efectos positivos sobre la formalidad, la eficiencia y la sencillez son innegables. También ha contribuido a construir historias financieras y facilitar el acceso al crédito para los pequeños comerciantes.
Esperemos que sea aprobado y en un par de años estemos disfrutando de las ventajas de tener un comercio pequeño más formal que dedica menos tiempo a pagar impuestos y más tiempo a ser creativo y aportar al crecimiento.
* Economista jefe de BBVA Colombia.