Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Para que la gran victoria colombiana en Asunción, bajo el punto de vista estrictamente numérico, adquiera toda su dimensión y relevancia, es imperativo “derretir” nuevamente a Uruguay en su estadio maldito, el Metropolitano, donde se han “comido” doce goles en las últimas tres salidas.
El calor, la humedad, el ambiente, todo conspira contra los dirigidos del “Maestro” Tabárez, muy buenos locales y regulares visitantes en la actual eliminatoria. De sólo pensar que vienen a Barranquilla ya se ponen alertas, pues las piernas no les responden y el fútbol no fluye con la misma categoría que lo hace en Montevideo.
Uruguay estacionará el Transmilenio frente al arco de Muslera. Saben de sus limitaciones y el efecto que producen en ellos el calor y la humedad, y no encontrarán otra alternativa que jugar muy apretaditos, regalando espacios y balón, para tirar pelotazos arriba, donde dos muy buenos jugadores, Édison Cavani y Luis Suárez, intentarán en el mano a mano lidiar con los defensores colombianos.
Colombia tiene que cambiar el método, el estilo, el juego con relación a lo que hizo en Asunción. Una cosa es salir con tres volantes de marca en la capital paraguaya, buscando un resultado, y otra salir a manejar la bola, asumir el control del partido, ser el equipo que proponga fútbol. Y con tres volantes de corte defensivo resulta muy difícil llegar a esa elaboración, cambio de ritmo, manejo de espacios que requiere el partido contra Uruguay.
Tampoco se trata de salir alocadamente, con mucho vértigo y escasa inteligencia, dejando resquicios para que trabajen los dos pistoleros charrúas. El partido debe manejarse bajo la premisa de un desgaste en lo físico y lo emocional, moviendo la bola y moviendo a los uruguayos, que corran tras el balón, que sientan el ritmo y la intensidad sin encontrar la esférica.
El talento que no se tuvo en Asunción, la ausencia de transiciones ofensivas, la carencia de manejo de balón, no sirven en Barranquilla. Por eso, sobra un volante de marca y el técnico debe seleccionar entre Aguilar y Barrios el compañero de Sánchez, pero a la vez debe encontrar el conductor entre Cardona y Macnelly. Ante espacios cerrados como los que presentará la celeste, se requiere mucha inteligencia y un filtrador de pases.
Preocupa la intrascendencia de Bacca, anulado por el propio sistema de juego colombiano. Si a Bacca no le dan la pelota, no luce ni es importante. Bacca no entra en el circuito, por lo que requiere que el equipo lo ponga frente al arco para que cumpla su tarea.
El Metro tiene que seguir siendo plaza maldita para Uruguay.