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Luego de una semana de turbulencia social, económica y política producto del triunfo del “No” en el plebiscito, Colombia afronta desafíos que no son propios del Gobierno sino del Estado.
Las diferencias entre Gobierno y Estado parecieran ser la causa raíz de cualquier de cualquier diferencia de opinión motivada desde una cándida conversación hasta una tertulia, conferencia o simposio. El culpar a los del sí y a los del no de los sucesos de la semana pasada en materia económica, pareciera ser ahora el punto de discusión, lo que en otrora eran los argumentos del acuerdo de paz. Todas estas discusiones tienen su génesis en el mal endémico que padece históricamente la nación del Sagrado Corazón: “el Corto placismo”.
La polarización del país en torno de Sí y/o el No generó y seguirá generando, en el corto plazo, discusiones estériles que poco o nada aportan a la realidad y la necesidad colombiana y más bien deterioran amistades o lazos familiares. Lo realmente importante es poder recomponer el camino, pero no sólo en el corto plazo sino en el mediano y mejor aún en el largo plazo. Muchos de los argumentos del sí reposan en brindar un mejor futuro a las nuevas y subsiguientes generaciones. Para que esto sea una realidad, entonces las discusiones y la planeación estratégica del Estado debería plantear soluciones estructurales aunque éstas cuesten, no sólo inversiones de todos los ciudadanos sino coraje para argumentar sin generar malestares temporales.
Las inferencias en materia económica aducen que “el no” lo que ha conllevado es a una apatía por parte de los inversionistas extranjeros. Por su parte, los del sí argumentan que cuanto mejor sea el acuerdo de paz, mejores serán los resultados económicos. Estas ambigüedades han generado reacciones por parte de la comunidad internacional, las que se apaciguaron y seguirán por esa senda, con el anuncio del premio nobel para el presidente de la República.
Lo que viene para el país en las próximas semanas son muchas expectativas. Desde la reacción de la economía, en especial el rebote del peso frente a las demás monedas (ya no sólo por la correlación con el precio internacional del petróleo), hasta el cambio de posiciones de las calificadoras de riesgo, las que amenazan y siguen amenazando con una rebaja de la calificación de riesgo. Pareciera que el caldo de cultivo está servido y con ello lo que debemos invertir es tiempo para pensar en cuáles son las oportunidades que conlleva la situación actual del país.
Por su parte, la presentación al congreso del texto de la reforma tributaria “cuasi” estructural servirá para apaciguar las amenazas de dos de las tres calificadoras de riesgo internacionales. Lo cierto del caso es que si la reforma no incluye sustancialmente los cambios sugeridos por la OCDE, seguramente la reforma será paliativa y con ello la amenaza de una rebaja en la calificación de grado de inversión podría ser inminente. No obstante e independientemente de todos los resultados de la semana pasada, la economía colombiana en el mediano y largo plazo tiene desafíos que de planearlos y ejecutarlos estratégicamente nos llevarían a un desarrollo preponderante en la región.
Las lecciones que nos deja el maremágnum de esta semana es que “al día siguiente todos somos más inteligentes” pues no existe mejor argumento posible que la frase célebre que se ha vuelto costumbre en el país del realismo mágico: ¿Viste? Te lo dije.