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Es indudable que los resultados del plebiscito del pasado domingo, tienen efectos políticos y jurídicos vinculantes para el gobierno nacional, con el acuerdo de paz, por lo tanto, se requiere con urgencia de una convocatoria de unidad nacional para reorientarlos, con su principal protagonista opositor y líder del No, a la cabeza, el expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez.
Ante los resultados del plebiscito, las diferentes fuerzas políticas deben ser convocadas por el ejecutivo y encabezadas por el Centro Democrático, – principal protagonista y triunfador del No-, para establecer un diagnóstico político y social, con el fin de buscar salidas de conformidad con el mensaje que acaba de dar el Pueblo Colombiano en las urnas, en pasado domingo.
Dadas las circunstancias de modo tiempo y lugar, hay que buscar soluciones que sean coherentes con la situación actual del País, no podemos ignorar a nadie, especialmente a las víctimas, desplazados y juventudes, que de uno u otro lado estuvieron en forma entusiasta promoviendo sus ideales de paz, esto nos demuestra que no son del todo apáticas a las actividades políticas.
Para tranquilidad de los colombianos debemos entender que todos los caminos conducen a la paz, y que los actores nacionales e internacionales colaboradores en buscar soluciones al conflicto, así lo están interpretando; no se puede echar por la borda un trabajo dispendioso y costoso para el País, que durante cuatro años estuvo expectante a los acuerdos, que finalmente se dieron, pero que debido a varias falencias que no se corrigieron a su debido tiempo, los resultados del plebiscito no fueron los que esperaba el gobierno.
Conocidos los resultados, fue muy alentador escuchar las palabras que desde la Habana – Cuba, pronunció “Timochenko”, comandante de las Farc ep, y así mismo el discurso del expresidente y senador, Álvaro Uribe Vélez, en ambos casos fueron expresiones de tranquilidad y de amor por Colombia, siempre con el ánimo de abrir caminos para construir la paz perdurable y duradera, que desde hace más de cincuenta años añoramos los colombianos.
Lo que viene es bien importante para el País, puesto que es un sacudón a las instituciones políticas, democráticas y administrativas, que deben entender que ya no es hora de hablar el lenguaje tan desgastado y veintejuliero de las plazas públicas, a los ciudadanos hay es que proponerle planes y programas de desarrollo en diferentes frentes, pero, muy especialmente para el sector rural, que requiere de toda un reforma estructural e integral, donde el campesino disponga de todas las garantías sociales necesarias para el desarrollo de sus arduas faenas, con programas de agroindustrialización para sus productos, además de canales de comercialización.
La administración de justicia y la reforma política, son otras instituciones que requieren de una reforma a profundidad, puesto que entre ambas existe tanto contubernio, que se hace indispensable separarlas para que cumplan con la verdadera misión de administrar justicia y de legislar, para el bien de todos los ciudadanos de Colombia sin distingos de ninguna índole.
Como consecuencia de lo anterior, queda plenamente confirmado que se requiere de una Asamblea Nacional Constituyente, con el fin de reformar las instituciones democráticas que el País a gritos viene reclamando, por consiguiente, es procedente leer con juicio y razón el mensaje del pasado domingo en las urnas: con la abstención de más del 60%, los colombianos están demostrando su apatía por las cosas del Estado, sumado a la derrota del gobierno e las urnas, que no obstante haber montado toda su maquinaria oficial y el inmenso presupuesto invertido, obtuvo una estruendosa derrota.
La Asamblea Nacional Constituyente, que venimos reclamando con urgencia para reformar varias instituciones del Estado, que forman parte de los tres poderes públicos, si bien algunas funcionan regularmente, en su mayoría no pasan de ser toda una vergüenza y tortura para el ciudadano, especialmente del común, que en cada amanecer y anochecer tiene que vérselas con una burocracia arrogante y altanera que no le soluciona sus más elementales necesidades.
De conformidad con los resultados del plebiscito, como lo hemos dicho varias veces por nuestras columnas, la Asamblea Nacional Constituyente, es innegable; quedó al descubierto que el gobierno del presidente Santos, se encuentra en su peor momento de cualquier crisis institucional junto con sus áulicos de unidad nacional y los “mermelados” conservadores, que vergonzosamente siempre acostumbran fugarse del partido, para negociar sus réditos políticos con los gobiernos liberales de turno, a cambio de burocracia y otras prebendas nada dignas de los principios y valores del partido que los avaló.
No es exagerado decir que Colombia en los actuales momentos es un barco a la deriva que va navegando por las aguas turbulentas de la corrupción, la politiquería y la incertidumbre, con un timonero complaciente, que indudablemente en los actuales momentos necesita ser auxiliado y remolcado por los promotores de la sindéresis, la comprensión y el amor por Colombia, para evitar que llegue al puerto de la desgracia. En este caso el expresidente y senador Uribe Vélez, tiene la palabra, en estos momentos es quien tiene la llave de la paz.
El plebiscito del pasado 2 de octubre, ha dejado a Colombia una gran lección, lo primero que se avizora es la madurez del pueblo colombiano, – que no obstante la vergonzosa abstención de más de un 60%, – pero quienes los hicieron votaron con responsabilidad y pleno conocimiento de causa, sin dejarse arrastrar por las pasiones politiqueras y las dádivas, tan comunes en las gestas electorales de nuestro País.
Ahora, indudablemente llegarán los nuevos cónclaves para someter el acuerdo de paz, – recientemente acordado en la Habana- Cuba, y firmado a destiempo con bombos y platillos, por el presidente Santos y Timchenko -, en calidad de máximo jefe del grupo guerrillero de las Farc, EP, para ser revisado, puesto que de acuerdo a los resultados del plebiscito, donde gana el No, la mayoría de los colombianos manifestó no estar de acuerdo en varios puntos de la agenda de negociaciones, que indudablemente hay que entrar a modificar y renegociar.
Si se hace un análisis con pleno conocimiento de causa, sobre los resultados del plebiscito y teniendo, en cuenta que los promotores del No, trabajaron con las uñas, y con toda la maquinaria oficial encima, podría decirse que si el gobierno no hubiese bajado el umbral al tramposo 13%, la derrota del Sí, hubiese sido más estruendosa y vergonzosa.
Pero es bueno prepararnos para lo que viene, como lo dijimos en columnas anteriores, en esta gesta plebiscitaria, no debe haber ni vencedores, ni vencidos, todos nos debemos unir en un solo abrazo de comprensión, puesto que al fin y al cabo la diferencia entre el Sí y el No, fue mínima, lo que indica que hay que encontrarnos en las puertas del diálogo, con el fin de encausar la paz por los caminos de la verdad, la justicia, la sinceridad y el progreso.
urielos@telmex.nedt.co