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¡Qué difícil es armar una sociedad! Un tejido social coherente, funcional, debidamente integrado, amable y, por supuesto, que haga la vida, más que posible, amable y generadora de felicidad.
Por: Jorge Bernardo Londoño*
Qué pocos grupos humanos lo han logrado en la ya muy larga historia de la raza humana. Este proceso de crecimiento y maduración, como especie, parece nos seguirá tomando tiempo. Ahora bien, para unos grupos ha sido más lento y difícil que para otros. Es nuestro caso.
Nuestra historia, marcada por la violencia, las confrontaciones y las guerras, nos muestra una realidad lejana a la de esa sociedad deseable. Los últimos 50 años han sido, sin lugar a dudas, de los más complejos. Las cifras de muertes, de dolor, de desplazamientos –las manejamos la mayor parte de los colombianos–, por eso no es del caso refrescarlas. ¡Son abrumadoras!
Desde hace ya más de 30 años venimos haciendo esfuerzos por superar tan cruda, dura y vergonzosa realidad, sin éxito. Este último esfuerzo pareciera que permitirá superar la barbarie de uno de los actores más violentos. Las farc. Con sombras, con incertidumbres y con temores. Se abre en el horizonte una luz de esperanza. Que sea nítida y clara, depende, más que del Sí que le demos, del compromiso que asumamos para avivarla y para construir, como empeño colectivo, todo lo que hace falta para que alumbre en forma permanente.
El reto es gigantesco. El acuerdo firmado es el primer paso. Los siguientes los tenemos que dar todos los colombianos, con una visión clara de la sociedad que queremos. Con un compromiso político que nos permita ser los genuinos voceros de los cambios requeridos para transformar la realidad y lograr esa sociedad que garantice la vida amable. Se viene, necesariamente, la superación de la política mezquina por una Política con mayúsculas. Esto exigirá decisiones de participación y liderazgo de los más lúcidos, preparados y honestos. Si seguimos con los mismos, seguiremos en las mismas .
El rumbo no lo dará ni la “izquierda“ ni la “derecha”. Lo dará la inteligencia, el compromiso, la generosidad y la honestidad. Todo ello lo tenemos y en abundancia, pero oculto o remiso. Tiene que exponerse. Si lo logramos, las sombras de los acuerdos se desvanecerán. Si no lo asumimos, merecemos nuestra suerte!
El Sí que asumamos en esta oportunidad se me ocurre que tiene que ser un Sí bemol mayor, que es la nota musical del progreso y el renacimiento. Este Sí lleva implícito un No a la política mezquina, mediocre, oportunista y corrupta, venga de donde viniere .Digámosle Sí a este compromiso. Este Sí, coyuntural, tiene que permitir el paso a un Sí estructural, de fondo, que permita superar la idea de postconflicto para construir una realidad anticonflicto.
* Empresario y educador.