Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Sobre las cuatro y media de la tarde del sábado entré al Pomeriggio, un sitio para tomar un buen café. Estaban jugando en Colombia, Huila vs. Tolima y Medellín vs. Rionegro. En la pantalla, en el lugar, estaban mostrando el juego de Real Madrid vs. Las Palmas, en diferido. Nadie le ponía atención. Esto para decir que en lo de la oferta televisiva pasan cosas extrañas e inexplicables. O, dicho de otra forma, esa oferta es solo para los genuinos seguidores del fútbol. ¿Cuántos serán?
Alguien debería hacer un censo cierto, porque no todos los que disfrutan del servicio en cable o televisión abierta son consumidores de fútbol. Pasan esas cosas.
Sacaron al árbitro Adrián Vélez, que me parecía hacía buena labor. Quedamos en poder de los Arrieta, Pontón, Gallo, Gamarra y Lamoroux. Creo que Roldán y Sánchez son los únicos que ofrecen confianza a los equipos. Los otros no entienden el juego, no lo jugaron, no repasan videos ni se preparan para dejar de lado esa manía de exhibir tarjetas, como si fuera su única razón de ser y trabajar.
El sentido común, el menos común de los sentidos, no lo aplican. Cuándo entenderán que es un juego de choque, fuerza, con adrenalina abundante entre los actores. Resultan célebres en los partidos por esa tendencia a castigar y enrostrar tarjetas. Ahí estamos mal y es una razón de ese fútbol que muchas veces vemos. Si nos quejamos del estado de las gramillas y las discretas iluminaciones en varios estadios, también se debería exigir a la Comisión Arbitral una sana revisión de cómo trabajan los jueces. No sobraría un curso de capacitación con un instructor FIFA. Mientras no le paren bolas a este caso, los jugadores seguirán sin saber cómo jugar o anticipar o chocar con adversarios.
El Deportivo Cali la pasa mal. Mario Alberto Yepes puso apenas tres veteranos: Camilo Vargas, Abel Aguilar y Andrés Pérez; los demás, jóvenes como Roa, Preciado, Benedetti, Quintero, Palacios, Mera, Orejuela y Preciado, y por eso debió recurrir a Máyer Andrés Candelo para salvar el punto contra el Pasto, que no es buen negocio. Mientras Johan Arango se divertía, hacía gol y perdía otro. En el fútbol pasan cosas como esta: ni tantos jóvenes ni tantos veteranos. ¿Cuál es la fórmula? Nadie tiene la respuesta.