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Antieditorial
25 de septiembre de 2016 – 09:00 p. m.

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Colombia sí es capaz de iniciar la superación hacia su tranquilidad social, pero este acuerdo no basta para la búsqueda de la tan anhelada paz.

Por Hernán Velandia Palomino

Hay que continuar por la misma senda de la alcanzable armonía nacional hasta lograr que todos quienes afectan los desarrollos colectivos sociales entiendan que matarnos entre hermanos no es la mejor estrategia para conseguirlo.

Debemos iniciar también acuerdos con sectores que persisten en sembrar diferencias y odios, como el Eln, el Epl y las bacrim, y reforzar la seguridad urbana y rural para frenar la delincuencia que, organizada o no, crece cada día, motivada por una estrecha situación económica que agobia con hambre y toda clase de penurias a algunos sectores de las clases menos favorecidas.

Ahora, no me refiero exclusivamente a quienes cargan un fusil al hombro e invaden la tranquilidad de poblaciones que, a través de tantos años de sufrimiento, hoy ven una luz inicial de cambio sustancial para sus presentes y nuevas generaciones.

Sobre todo, y de carácter urgente, se hace necesario iniciar acuerdos con la clase política y dirigente, para que con sus actitudes deshonestas no asesinen más colombianos en las puertas de los hospitales robándose los presupuestos de la salud o en casos como La Guajira, donde los recursos de ayuda a la población desaparecen en la más rampante corrupción, sin que conozcamos responsables de tamaño despropósito.

Sí, muy bonito el show y muy importantes los personajes que asisten, pero a partir del martes nada habrá cambiado diferente a que 10.000 miembros de las Farc dejen de asesinar inocentes campesinos, pues para la restante mayoría del pueblo colombiano las necesidades y angustias continuarán sin solución posible. Pero aun así hay que darle impulso a esta iniciativa gubernamental de soñar con un escenario de paz y desarrollo. Por algo se empieza.

Pero no todo es como el editorialista adjetiva, no necesariamente el concepto contrario transforma a los opositores en “aves de mal agüero”. Precisamente esas posturas subjetivas y extremas son las que siguen anidando diferencias irreconciliables que reengendran antagonismos que queremos superar. Y ahí es donde uno piensa que lo que se perdió fue el respeto por el otro, y cuando logremos restablecerlo, la paz llegará sin que la estemos buscando con tanto ahínco.

Estoy seguro de que el pueblo colombiano dará respaldo a los acuerdos pactados, sobre todo pensando en las víctimas de esos sectores rurales y campesinos que han sido la permanente carne de cañón, porque ayudan o porque no lo hacen con los grupos armados que incursionan en sus territorios. Para los citadinos, el fragor del combate suena lejano y ajeno, pero esta es la oportunidad de darles la mano a los compatriotas que de manera involuntaria han sufrido el rigor de la guerra. Por eso votaré Sí.

Reitero, el Gobierno Nacional en todos sus niveles debe hacer una profunda reflexión hacia la forma en que ha manejado este país y cómo con sus actos poco transparentes ha dado impulso a todas las situaciones negativas que vive esta gran nación.

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