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Sergio Fajardo es el prototipo de un pésimo político. Uno al que no lo trasnocha el poder. También es el mejor ejemplo de que política no siempre es igual a corrupción, como tanto se menciona por estas épocas tan entusiastas. Todo depende de la óptica y los principios de quien se refiera a uno de los fenómenos políticos de Colombia, a quien le dio por ingresar a ese mundo a los 43 años, algo que para muchos puede ser tardío. Y lo hizo, además, en una de las regiones y contextos más complejos para un primíparo: la Medellín de finales de los años 90.
La figura disruptiva de Fajardo emergió como la única forma de romper el statu quo que dominaba la capital antioqueña. En ese entonces, prácticamente, había un “Frente Nacional” local. Un carrusel de grupos políticos que pertenecían a partidos tradicionales y que se turnaron el mando de Medellín. En paralelo, fue ese el tiempo en el que narcos y grupos violentos se tomaron el país en todas sus esferas. Ese coctel aburrió por completo no solo a los medellinenses, sino también a ciertos círculos políticos y empresariales que decidieron construir una opción para dar fin a esa etapa.
En medio de un optimismo pos-Escobar y la necesidad de un recambio generacional en la política de la ciudad, tras una reunión en el hotel Nutibara, en pleno centro de Medellín, se consolidó en 1999 el grupo político que empezó a liderar Fajardo, reconocido entonces como académico y columnista. Pero era mucho más que eso. Ahí ya era uno de los matemáticos más brillantes del país, con estudios y conocimientos al alcance de pocos cerebros. Estudios, en Colombia y el exterior, a los que por supuesto pudo acceder por haber nacido en una familia que si bien no tenía apellidos y tradición, sí era privilegiada. No estaban muy cerca de la política, hasta que su padre, Raúl, arquitecto y seguidor de ideas liberales, fue designado concejal de Medellín. Su madre, Mara, también era afín a esas ideas, pero primaba su catolicismo.
Quizá la razón para su ingreso a la política fue que en la academia ya le quedaban pocos pasos por dar. Ya estaba en la etapa de transmitir sus conocimientos, pero había alcanzado su techo como matemático, como lo alcanzan los deportistas a cierta edad. Así lo describe uno de sus mejores amigos, Héctor Abad, quien resalta que la mayoría de atletas y matemáticos hacen su mejor carrera antes de los 30 años. “Las altas matemáticas son tan difíciles como el atletismo. Para uno seguir siendo profesor de matemáticas, requiere por lo menos un entrenamiento cotidiano, porque si no es imposible”, dice.
La propuesta política de Fajardo se dio a conocer a través de una campaña novedosa en su momento: económica, con prioridades atípicas, de pura calle y volanteo. No fue suficiente para ganar la Alcaldía en 2000, pero fue el primer paso para amasar un capital político importante, en el que se destacaban muchos votos de opinión y no partidistas. En las siguientes elecciones, las de 2004, se consolidó como una revolución política inspirada en Antanas Mockus y sus propuestas cívicas, y fue elegido alcalde de Medellín.
Fue una revolución, porque nunca quiso recibir el apoyo de los políticos a los que quería derrotar. Desde su primera campaña, cuando empezó a conquistar votos alternativos, fue abordado por los grandes grupos políticos para moldearlo como el siguiente en la lista de alcaldías tradicionales de la ciudad. En el círculo personal de Fajado recuerdan que el primero en hacerlo fue Luis Alfredo Ramos, quien lo buscó en 1999 para ser, más que su candidato, el próximo alcalde, “básicamente porque ellos controlaban Medellín”. Según Alejandro, hijo mayor de Fajardo, “en ese momento fue una polémica interna porque bajo ningún motivo quería ser candidato de Ramos”. Para sus contradictores, no obstante, Fajardo tenía otros apoyos “ocultos” que le ayudaron a ganar.
Desde esa primera aventura política, Fajardo demostró que no estaba dispuesto a todo por llegar al poder. Porque aunque lo describen como una persona altamente competitiva, también dicen que le ganan la consistencia y la lógica. O, como lo menciona su hija Mariana, “ser muy coherente con sus principios y no fallarse a sí mismo”.
Por eso, al llegar a la Alcaldía, decidió gobernar con la gente que lo acompañó y construir un modelo ciudadano de poder, que se oponía al modelo clientelista que todavía predomina. Entonces, su apuesta fue priorizar las necesidades más que los votos, y las inversiones y proyectos los enfocó en barrios donde pudieron no votar por él, pero tenían más carencias. Fue una antipolítica que lo llevó a ser parte clave de la famosa Ola Verde que por poco llega a la Casa de Nariño en 2010, con Mockus y él como su fórmula vicepresidencial, y que posteriormente lo llevó a la Gobernación de Antioquia, en 2012.
Ese fue su mayor reto e incluso lo tiene hoy en problemas por las irregularidades alrededor del proyecto hidroeléctrico en Ituango, que no hace mucho se conoció que fue utilizado por sus rivales para tratar de desmontar su discurso anticorrupción. A pesar de eso, incluso sus detractores políticos reconocen que “no es un hombre corrupto”, pero que sí ha cometido errores y que no se ha sabido rodear, por lo que hay un “halo de corrupción a su alrededor”. Otra crítica recurrente a su forma de hacer política es que no se ha actualizado ni en las formas ni en el contenido de sus propuestas, y que lleva más de 20 años con un mismo método que ya no funciona en la época digital.
Eso sin contar las críticas por “no tomar posiciones” y supuestamente apartarse de discusiones vitales para el país, como lo de 2018, cuando decidió votar en blanco para la segunda vuelta presidencial, que le dio a Iván Duque el poder, luego de quedar muy cerca de ser él su rival y no Gustavo Petro. Incluso, llegó a anunciar que no volvería a la arena política, o por lo menos a una elección presidencial.
Tibio no, frío
A Fajardo le pasó factura ese episodio. Muchos lo recuerdan hoy como el que “se fue a ver ballenas” en plena discusión para elegir presidente. Para sus opositores fue un acto de “megalomanía” e “ingenuidad”, pero entre su círculo alaban la decisión debido a que no se tomó sin antes hacer reflexiones. Tal vez en sus primeros años tenía el carácter impulsivo que heredo de su madre, pero con el paso del tiempo desarrolló una serenidad que se destaca como una de las principales características de su personalidad.
En ese aspecto, Fajardo tiene todavía mucho de matemático. Mariana recuerda algo que siempre les ha transmitido, y es primero mirar el problema y las posibles soluciones: “Es una manera muy organizada y estructurada de proceder ante los problemas y retos”. También lo reconoce su jefa de debate, Catalina Ortiz, quien resalta la lógica que tiene para plantear alternativas para solucionar problemas. “Como Einstein, tiene como premisa que si tiene una hora para solucionar un problema hay que dedicarle 55 minutos a enmarcarlo y el resto a resolverlo. Él es un tipo que enmarca los problemas muy bien, entendiendo las lógicas y los contextos, y solo hasta que lo ha entendido trata de resolverlo”.
Respecto a la crítica sobre no tomar posturas, su círculo considera que es una gran mentira, pues su primer paso fue “enfrentar a las mafias y gobernar de una manera diferente y transparente”, según Ortiz. “El hecho de que no esté peleando con uno u otro no quiere decir que no sea de posiciones fuertes”, añade. Y para Alejandro, es “una de las cosas más patéticas con las que lo pueden atacar” y considera que es un argumento que posicionó una élite bogotana. “¿Cómo no va a ser un tipo que no toma decisiones cuando dejó toda su vida académica para ir a enfrentarse a una clase política como la de Medellín, que estaba históricamente cercana a la mafia?”, cuestiona.
Ese tipo de determinaciones, o en el caso de las confrontaciones políticas, no se hacen a las carreras. Para hacerlo, el método que traza Fajardo se basa en primero calmarse, pensar las cosas con cabeza fría y luego responder o decidir. “Tengo un temperamento fuerte y soy impaciente. Y una de las cosas que más me ha enseñado él, y que es impresionante cómo lo aplica en el ámbito personal y laboral, es que primero hay que escuchar a las personas o pensar antes de salir a la confrontación”, resalta Mariana.
Es un método que, sin embargo, le ha traído algunos problemas a su vida política. Muchas veces han querido sacar su lado más emocional para responder alguna pregunta y no lo han logrado. “Eso es muy grave, porque un político, pregúntenle lo que le pregunten, tiene que hablar como si supiera perfectamente y como si conociera el tema en profundidad”, dice Abad, que con la convicción de conocer a Fajardo hace casi cuatro décadas considera que él es capaz primero de decir “no sé, voy a averiguar”, que “echarse un carretazo largo e incoherente para dar la impresión de que lo conoce a fondo”.
La analogía de saber sufrir
Según dicen las encuestas, todo indica que Fajardo no pasará a segunda vuelta y que, por el contrario, su votación será inferior a la de 2018, cuando obtuvo más de 4,6 millones de votos. Para sus contradictores, es consecuencia de que hoy “no genera nada” y que ha perdido mucha fuerza entre los sectores alternativos, que hoy parecen estar más con Petro. Ese podría, ahora sí, ser el fin de la aspiración presidencial de un político apasionado por la educación y a la que quizá vuelva, pues curiosamente para sus más cercanos una de las grandes “envidias” de Fajardo es un cargo como el que dejó Alejandro Gaviria para dedicarse a la política electoral: ser rector de una universidad.
Pero es un hombre acostumbrado a perder y a que si hay victorias sean a punta de épica. Para él, lo importante no es el fin, sino los medios, y si hubiera querido ganar siempre no hubiera sido hincha de su Independiente Medellín del alma, y del que soñaba con ser arquero, sino probablemente de Atlético Nacional. Además del fútbol y del ciclismo como su gran pasión, también aplica muchas analogías como la que hoy mantiene viva su aspiración: remontar en medio de una campaña caracterizada por la pasión y no por los argumentos, teniendo en cuenta que, en ese campo, su principal fortaleza es buscar siempre la calidad del argumento y no contradecirse. Por esa misma certeza, desde ya todos a su alrededor saben que si no pasa a segunda vuelta no apoyará ninguna de las opciones que, al parecer, disputarán la Presidencia 2022.
