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La paz y el sentido del sacrificio militar

Daniel Mera Villamizar
16 de septiembre de 2016 – 09:00 p. m.

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Narrativa del Sí anticipa una ‘doctrina nacional’ errada sobre las Fuerzas Armadas.

Han estado deslegitimando la guerra como opción para la sociedad colombiana. Lo que transmiten es que por su naturaleza la guerra es mala, inmoral. Cuando toda sociedad debe saber que la guerra puede llegar a ser necesaria. Que una sociedad con vocación de supervivencia no puede renunciar de antemano a la opción de la guerra.  A usar las armas legítimas para defenderse de agresiones internas o externas.

En la campaña de 2014, el presidente Santos sacó el comercial televisivo de «Usted, ¿prestaría sus hijos para la guerra?».  Padres de familia le respondían que no.  En una sociedad con mejor cultura política la respuesta correcta sería: «Depende de cuál  guerra».  «Si Nicaragua invade San Andrés, sí. Si es para anexarnos el Táchira, no.  Si un grupo quiere imponernos una revolución armada, sí».

Pero el mensaje implícito del presidente era otro:  las mamás campesinas y las mamás más pobres prestaron sus hijos para una guerra que no valía la pena, y muchas los perdieron.  Prestaron sus hijos por necesidad, porque no tenían más oportunidades.  En cambio, las madres del comercial político se negaban.  El mensaje despojaba de la dignidad y el sentido elevado de arriesgar y sacrificar la vida con las armas de la nación a quienes han luchado en la guerra contra las Farc.

Esta narrativa persistente se ve en el ‘balígrafo’ que usaron en La Habana y que le regaló Santos a Timochenko: “Las balas escribieron nuestro pasado. La educación, nuestro futuro”. Dado el contexto y la palabra balas, es una valoración negativa del pasado, y superficial o simplemente falaz: hemos hecho bastante más que “darnos bala”. El espíritu de la frase ignora que la principal función de las Fuerzas Armadas no es “dar bala”, sino ser fuerza disponible, también necesaria en el futuro.

La frase con el ‘balígrafo’ para Timochenko, respetuosa con nuestra historia y las Fuerzas Armadas, habría sido: «Las armas de la República evitaron una dictadura de su organización, y ellas le dan una bienvenida leal a la democracia».
En contraste, los del Sí creen que valorar el uso legítimo de las armas es ser “guerrerista“, como si nos hubiésemos definido como una nación de indefensos a los que basta presionar por la fuerza para que manden una comisión a dialogar a ver qué acuerdo firmamos.  El ELN ya sabe. El reducto del EPL si contrata un par de habladores de ideología, puede aspirar a que le cambien la «guerra» por «paz».

La ‘doctrina colombiana’ acerca de sus Fuerzas Armadas no puede edificarse sobre un desprecio del sentido del sacrificio militar. «Dar la vida por las libertades, la democracia, el Estado de Derecho» no es una simple frase.  El presidente se acostumbró a jugar con las palabras: «la paz es la victoria de todos los soldados y policías de nuestra Patria» (20 de julio), cuando todos sabemos que en La Habana se negoció de tú a tú, regalando la enorme y costosa ventaja militar que se tenía. Justamente el No es para que renegocien algunos aspectos, pero no de tú a tú, porque el pueblo soberano habría mandado a decir eso, sin que el delegado (gobierno) se asuste y cambie el mensaje. 

Esta claridad en la ‘doctrina nacional’ no quiere decir que las Fuerzas Armadas ganen autonomía frente al poder civil. Por ejemplo, el general Mejía no debería estar en una «reforma estructural» del Ejército por su cuenta. Ni quiere decir relajamiento ético frente a ellas. Los «falsos positivos» no deben quedar sin cárcel, por ejemplo.

Ni  quiere decir que sean unas islas en la sociedad frente a los cambios de esta.  Debe haber más poli-clasismo tanto entre los soldados como en la oficialidad, otro ejemplo, lo que permitiría responderle al joven Leonard Rentería de Buenaventura. @DanielMeraV

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