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La ambición nuclear de Corea del Norte no es nueva, comenzó en 1950, obteniendo el apoyo de quien desarrolló el arma nuclear pakistaní, Abdul Qadeer Khan. El mismo camino que siguió el programa nuclear del entonces líder libio, Muamar Gadafi.
Corea del Norte ha realizado pruebas nucleares en 2006, 2009, 2013 y 2016 (6 de enero y 9 de septiembre). En éstas se ha comprobado un poder en aumento que va desde los seis hasta los diez kilotones, y aunque se especula de una capacidad débil en comparación con Estados Unidos, le es suficiente para provocar el justificado temor en los vecinos. Paralelamente, el régimen de Pyongyang no ha escatimado esfuerzos por dotarse de un misil balístico de alcance intercontinental. El primer lanzamiento, aunque fue un fracaso en 2012, no impidió que continuaran los progresos y desde 2012 estaría en capacidad de manejar el lanzamiento del Unha-3, del que se espera que tenga una alcance intercontinental.
Con estos avances, la República Popular Democrática de Corea comprueba que su programa nuclear avanza a pesar de las presiones de la comunidad regional e internacional, fortalecidas por las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De nuevo, surge el debate acerca de la efectividad de las sanciones para persuadir o disuadir (dependiendo de caso) a ciertos estados, que puedan desafiar el orden global. Luego de varias rondas de sanciones por la vía del Consejo de Seguridad, en el caso iraní se comprobó que sólo el diálogo directo podía favorecer un camino de entendimiento hacia un monitoreo efectivo sobre el polémico programa nuclear iraní.
Corea del Norte, por su parte, ha desafiado a la comunidad internacional, especialmente desde 2003, cuando anunció su retiro del Tratado de No Proliferación Nuclear. La apuesta de Pyongyang parecería ser clara: la amenaza de un ataque por parte de Estados Unidos ha sido cada vez más fehaciente, especialmente desde 2001, cuando se lanzaron una serie de intervenciones en Afganistán, Irak, Libia y Siria. La única garantía que disuade a Washington de atacar a Corea del Norte, reside en la capacidad nuclear del segundo. Jamás en la historia un país con semejante arsenal ha podido ser atacado. Por eso, con la gestión comprobada de tecnología nuclear civil y militar, parecería que algunos estados que enfrentan el riesgo de ataque exterior reducen al máximo tal posibilidad.
La administración de Barack Obama, a diferencia de su antecesor, ha sido muy prudente en la negociación de este tipo de temas sensibles a la seguridad internacional. En su haber está el avance sustancial en el dossier nuclear iraní. Sin embargo, aún se encuentra lejos de resolver el más espinoso y complejo de los últimos años: el de Corea del Norte, donde aún sigue abierta una puerta de la confrontación Este-Oeste. El consenso con Corea del Sur, Japón y Rusia está garantizado, pero no se asoma una solución de largo aliento.
Profesor U. del Rosario