Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Una carta sobre una columna.
Economías mal dirigidas
Venezuela no venía en su economía y en su vida diaria en esa atmósfera tan aterradora y asustadora como la que se vive y sufre hoy en día.
¿Qué fue lo que le pasó para que llegara a tal estado caótico de cosas? Sin duda alguna, la pésima dirección de su economía, que atascó y enredó sus leyes naturales, que cuando los Estados atentan contra ellas traen el oprobioso ambiente de la escasez, así como la pérdida del incentivo, para en plena libertad hacer negocios y transacciones.
No olvidemos que los intereses particulares llevan a producir desarrollo social, o, mejor decir, bienestar para todos.
Una economía dirigida por burócratas no lleva allá, porque no hay interés sentido para que las empresas tengan larga vida y prosperidad para seguir en el frente económico. El Estado que obstaculiza a las fuerzas y leyes naturales de la economía termina por generar “cuellos de botella” a la eficiencia y calidad de la producción en todos los sectores, así como a aminorar el entusiasmo en el emprendimiento.
Esa manera de concebir la economía, está comprobado, no lleva a excelentes resultados. La búsqueda del lucro, de la ganancia por parte del empresario particular, al que sí le duele la empresa, es la mejor manera para mover la economía. Lo contrario trae ambientes de tragedia social, como la que vive el vecino y muchos otros países del orbe.
La economía, así como los seres humanos, viven y desplegan mejor sus talentos en ambientes de francas libertades. El Estado es fundamental para dirigir con sapiencia la economía, pero cuando no lo hace así, provoca perjuicios y horrorosos movimientos erráticos a sus variables fundamentales.
Sea el momento preciso para decir que un analista objetivo y frío en sus análisis sobre la economía de Colombia, Eduardo Sarmiento Palacio, llama la atención al Gobierno, al afirmar en su columna en El Espectador que “las autoridades económicas no han logrado enfrentar la caída de los ingresos petroleros dentro de un marco de crecimiento. La solución consistió en darle rienda suelta a la devaluación y elevar la tasa de interés, lo que resultó en inflación que duplica la meta del Emisor y crecimiento económico de 2 %, cercano al aumento de la población”. Con esto retornamos al mismo llanito: una mala dirección de la economía genera muchos sinsabores y sorpresas asustadoras a las familias y empresarios.
Rogelio Ovalle
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.