Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Una carta de los lectores sobre las madres comunitarias, y una fe de erratas.
De las madres comunitarias y otro personal
La campaña emprendida por muchos medios de comunicación, en particular El Espectador, sobre las madres comunitarias, ha sido positiva porque por fin y después de tantos años de lucha, se visibilizó a este sector de mujeres trabajadoras, la inmensa mayoría cabeza de familia. El Estado, a través del ICBF, las había ignorado sistemáticamente porque era más cómodo amenazarlas o suspender los aportes que canalizar su situación laboral como la ley ordena.
De tal manera que la decisión de la Corte Constitucional se convirtió en el verdadero ángel de la guarda de estas mujeres. Se espera que, paulatinamente, el beneficio se extienda a todo el país a partir de lo que, en adelante, recibirán unas 106 madres comunitarias. El cuento del trabajo voluntario, en el fondo es el típico trabajo de esclavitud y sumisión. Y no pueden ampararse siempre en que esto es impagable, cuando se sabe que los recursos del ICBF se desvían alegremente en otros aspectos: viáticos, viajes, eventos. Serán poquísimas las regionales que puedan mostrar auténtica transparencia y cumplimiento de la misión.
En el editorial de El Espectador “El abuso contra las madres comunitarias” se anota con claridad: el problema no es de los magistrados, sino de los funcionarios y del Estado mismo, que crean programas violatorios de las regulaciones”. En efecto, el ICBF, dentro del Programa de Alimentación Escolar (PAE), contempla más personal en la situación de las madres comunitarias y deben estar temblando que surjan nuevas protestas. Es decir, no aprenden, no tienen en cuenta las experiencias negativas, sino que muestran espejismos de solución y crean condiciones para ampliar la corrupción a las bases.
Tal es el caso de las llamadas “manipuladoras de alimentos”, también vinculadas con el falso valor del trabajo voluntario en colegios y escuelas y quienes han sido utilizadas y esclavizadas en la preparación de alimentos de los estudiantes. También ellas son, casi en el cien por ciento, mujeres cabeza de familias y de condiciones socioeconómicas de alta vulnerabilidad. No sé qué vaya a hacer el ICBF, pero lo que no puede es hacerse el de la vista gorda, menos ahora que todo lo que hagamos como funcionarios o ciudadanos se asociará al posconflicto. Y así debe ser. No se podrá continuar con farsas, payasadas y paliativos. Lo que entra en juego es la niñez y la adolescencia.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
Fe de erratas
El artículo “Un referendo para que el chavismo sobreviva” (5 de septiembre) apareció de manera errada firmado por Leo Castillo. Su autor es el periodista Leo Felipe Campos. Pedimos excusas por este error y los problemas que causara a su autor.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.