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Hace 10 años, por estos días, moría Oriana Fallaci, periodista inigualable e irreemplazable. Y no es una frase de cajón, como lo saben bien los más viejos en el oficio. Entre los años 60 y 80 entrevistó a casi todos los líderes del mundo. Sus reportajes —profundos y desafiantes— develaban las mentiras y bajezas del “olimpo de los poderosos”, como ella los denominaba.
De todos a los que conoció dijo que apenas unos pocos se podían tomar en serio: Jomeini, Deng Xiao Ping, Golda Meir, quizás Indira Gandhi. Según Henry Kissinger, su conversación con la Fallaci fue la peor que tuvo jamás con la prensa, pues él nunca le perdonó su osadía. Hailé Selassié, emperador de Etiopía —indignado por una pregunta de doña Oriana—, la echó de su palacio y la hizo salir al jardín donde un león paseaba furtivamente.
Como escritora, Oriana Fallaci también dejó una huella profunda: Nada y así Sea, una reflexión conmovedora sobre el sentido de la vida después de sobrevivir como corresponsal de guerra en Vietnam, entre trincheras y napalm, y a la masacre de la plaza de Tlatelolco, pocos día antes de los Juegos Olímpicos de 1968 en ciudad de México, donde estuvo a punto de morir herida de bala por el ejército. Un hombre, novela realidad sobre el revolucionario griego Alekos Panagulis, asesinado en 1976, a quien ella amó profundamente.
Después del ataque terrorista del 11 de septiembre, Oriana dejó el periodismo y con la publicación de sus dos libros La fuerza de la razón y La rabia y el orgullo inició una cruzada intelectual contra la islamización de Europa —“Eurabia”, según ella—.
Lejos de la corrección política, aún en su agonía, Oriana Fallaci no se cansaba de acusar a los dirigentes occidentales por su permisiva debilidad y entreguismo al enfrentar la ferocidad del terrorismo islámico: El Apocalipsis, como tituló su última entrevista que, paradójicamente, fue a sí misma y resultó ser una especie de testamento intelectual y premonitorio en cierta medida de la crisis social y política que arrasa a Europa. A pesar de sus alabanzas a Berlusconi y a George W. Bush como defensores de Occidente, esta inmensa señora se merece un homenaje.
@jcgomez_j