Publicidad

Dictadura venezolana

Jorge Eduardo Espinosa
04 de septiembre de 2016 – 08:43 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

La frustración conduce a la dictadura. Y esto es lo que ha ocurrido en Venezuela.

Esta semana el presidente Nicolás Maduro anunció que tenía listo el decreto para levantar la inmunidad parlamentaria. Como sucede en muchos otros países, la Constitución establece que el Tribunal Supremo de Justicia es la única autoridad que podrá ordenar la detención y el juzgamiento de los parlamentarios, pero solo podrá hacerlo con una condición: que la mayoría parlamentaria lo autorice.
Es decir, para que la justicia venezolana levante la inmunidad de un diputado, primero necesita la aprobación de la bancada mayoritaria en el parlamento, en este caso, la bancada de la Mesa de la Unidad Democrática, léase, la oposición. En enero, fue la oposición la que ganó en las urnas. El parlamento venezolano, años después, no tiene una mayoría oficialista, sino una conformada por distintos grupos políticos de oposición. Y esto, claro, es incómodo para el sátrapa. Maduro, por decreto, pretende arrebatar la inmunidad a los opositores y después inventarles cargos, fabricarles pruebas, encarcelarlos al precio que sea.

El argumento de Maduro es que los diputados de la oposición están aprovechando su inmunidad para cometer todo tipo de delitos y abusos. Y Maduro tiene razón: en una dictadura, como la suya, criticar el poder, hacer oposición, es delito, y es un abuso. No es la primera vez. Desde que la oposición ganó la mayoría en el Parlamento, Maduro ha desconocido una y otra vez el poder que tienen, el mandato que los votos de millones de venezolanos dieron en las urnas. Y cada día está dispuesto a ir más allá. El viernes, Maduro trató de visitar un barrio de Porlamar, la ciudad más poblada de Margarita, y fue echado por sus habitantes entre insultos, cantos y golpes de cacerola. Un periódico digital llamado Reporte Confidencial fue uno de los primeros en mostrar lo que allí había pasado. Error. Horas después el director del medio, Braulio Jatar, fue detenido por el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia, la policía política). Según los reportes que llegan desde Venezuela, está detenido por una “averiguación abierta”, eufemismo de “acá te quedas hasta que te calles”.

El delito y el abuso de Jatar no fue otro que mostrar lo que pasa, que contar un episodio vergonzoso para Maduro y su séquito. No es la primera vez. El año pasado La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), también controlada por el gobierno, ordenó la suspensión permanente del programa radial “Aquí entre tú y yo”. La directora era la periodista Nitu Pérez Osuna. ¿Por qué le apagaron los micrófonos? El argumento de Conatel es que su programa “incita al desconocimiento del poder constituido”. ¿Qué diablos quiere decir eso? ¿Cualquier medio periodístico que cuestione al gobierno, o sea, al poder constituido, será censurado? Días antes del cierre de su programa, la periodista Pérez Osuna había entrevistado al ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Error. Pensándolo bien, la periodista debería agradecer no estar presa, no pasar sus días y sus noches en algún calabozo del Sebin. Hay otros casos documentados. Ahora que el petróleo dejó de producir la renta de otros tiempos, ahora que la gente empieza a cansarse de lo que pasa, ahora que la oposición tiene una posibilidad real de poder, la frustración de un incapaz como Maduro lo llevará al único lugar que conoce: el de la represión permanente y constante.

@espinosaradio

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido