Publicidad

Una paz resignada

Armando Montenegro
03 de septiembre de 2016 – 09:28 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El escritor venezolano Ibsen Martínez narra en El País de Madrid su paseo por la carrera Séptima en la tarde del 24 de agosto al tiempo que se anunciaba al aire la conclusión de las negociaciones en La Habana.

A pesar de que se trataba de la finalización de una guerra de 50 años que ocasionó miles de muertos, Martínez nos dice que, con excepción de un grupo de personas que en silencio oía los discursos frente al televisor de alguna tienda, no percibió emociones ni nada fuera de lo normal: “aquel seguía pareciendo un día más en la vida”. Siguió su marcha y terminó jugueteando con el viejo órgano de la catedral.

Diferentes razones podrían explicar este frío comportamiento de los partidarios del Sí y del No.

La idea de que se trata de una “paz resignada”, difundida por la directora de La Silla Vacía, Juanita León, podría estar detrás de la contenida reacción de numerosos defensores de los acuerdos. Por ello, después de que se enteraron de la conclusión de las negociaciones en La Habana, no salieron a celebrar la noticia. La recibieron con una satisfacción ilustrada por el conocimiento de las ventajas del fin del conflicto, pero matizada por la certidumbre de las dificultades por venir.

No podía ser de otra manera. Los líderes del Sí han venido señalando que debemos tragarnos algunos sapos porque el acuerdo es imperfecto, fruto de los necesarios compromisos de una negociación difícil con un enemigo del cual el Estado no pudo lograr una capitulación por medio de las armas. Y el propio Humberto de la Calle indicó que lo que salió de La Habana fue el mejor acuerdo que se pudo conseguir (uno perfecto, en otras palabras, era inalcanzable).

El gélido silencio de los del No, en cambio, puede reflejar su rechazo a ciertas partes del acuerdo de La Habana que contrarían sus convicciones éticas, jurídicas o políticas. A diferencia de muchos defensores del Sí que arriban a su decisión después de sumar y restar, de ponderar los positivos con los negativos, sus opositores manifiestan una determinación rotunda, aparentemente desprovista de vacilaciones. Al parecer no demuestran temor por la continuación de la guerra y parecen despreocupados por las previsibles dificultades para volver a negociar con las Farc, probablemente en algún gobierno del futuro. Y ponen en segundo plano los inevitables y negativos impactos que tendría el No sobre la gobernabilidad del país y la marcha de la economía.

De acuerdo con estas consideraciones, una manera de ampliar el rango de quienes se inclinan por el Sí es eliminar, en lo posible, las preocupaciones y temores de los votantes. De ahí la importancia de fomentar la pedagogía y las discusiones sobre el contenido de los acuerdos en un clima de tolerancia por las distintas opiniones. Al respecto, han sido tranquilizadoras las explicaciones del ministro de Hacienda de que se mantendrá la cordura fiscal en los próximos años, en respuesta a las desatinadas propuestas de amigos del gobierno de desquiciar las finanzas públicas para financiar lo que perciben como exigencias financieras de los acuerdos La Habana.

Una parte significativa de los partidarios del Sí proviene de personas que apoyan una paz resignada, que aceptan los claroscuros de la negociación con las Farc y esperan un ordenado desarrollo de los acuerdos dentro del marco de las instituciones y las mejores tradiciones del país.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido