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Respuesta a carta de Martha Nussbaum

Daniel Mera Villamizar
02 de septiembre de 2016 – 09:00 p. m.

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No tienen “el espíritu de la revancha …y la retaliación” los inclinados a decir No.

Apreciada profesora Nussbaum,

Muchas gracias por su carta al pueblo colombiano. Permítame tomar sus sugerencias para compartirle otra perspectiva sobre el ‘proceso de reconciliación’.  El propósito es animarla a seguir pensando en el caso colombiano.

Vivimos nuestra última guerra civil, no declarada, entre 1948 y 1953. En un país rural y semi-analfabeta, los conservadores en el poder y las guerrillas liberales se enfrentaron con feroz violencia. Cerca de 200.000 civiles murieron y alrededor de 2 millones de personas fueron desplazadas, se estima. Un golpe de Estado militar con apoyo de opinión dio paso a una amnistía y al desarme general. En 1957, un pacto de los dos partidos históricos comenzó el marchitamiento de la pasión política que dividía al pueblo.

Tal vez no sea esa violencia colombiana del pasado la que usted tiene en mente cuando evoca la “guerra civil prolongada y amarga” de los Estados Unidos. ¿Qué tipo de conflicto dejará atrás Colombia, específicamente con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, Farc-EP? La comprensión de este conflicto de los últimos 52 años es objeto de disputa porque condiciona la forma de “girar hacia el futuro”.

Sin embargo, hay al menos tres “evidencias y hechos” que las diferentes posturas acerca del conflicto deben enfrentar: 1) en medio siglo, esta ‘guerra’ no involucró identidades extendidas en la población; 2) no fue contingente, sino planeada por los grupos insurgentes, lo que explica la duración; y 3) la población en general rechazó sistemáticamente el motivo de la insurrección (tomarse el poder para cambiar el modelo de sociedad).

Estas características configuran una naturaleza inédita del conflicto con las organizaciones revolucionarias en la historia colombiana. Esta naturaleza se volvió aún más extraña en los últimos 25 años por otros hechos:

1) al tiempo que se derrumbaba el ideal comunista en el mundo, Colombia hizo un gran cambio democrático con la Constitución de 1991, que fue un tratado de paz con otros grupos armados insurgentes;

2) el uso del narcotráfico, el terrorismo, el secuestro y el delito –con frecuente crueldad– por parte de las Farc acumuló un sentimiento político negativo en el pueblo colombiano, también inédito en nuestra historia, con manifestaciones masivas que marcaron una ruptura emocional profunda con ese grupo; y

3) la cultura política colombiana ha venido evolucionando hacia una ética de no justificación de la violencia con motivaciones políticas; luego de consentir parcialmente la pavorosa violencia paramilitar contrainsurgente, ha intentado ‘limpiar’ su conciencia imponiendo un ostracismo a los líderes de la violencia contrainsurgente ilegal y criminal.

Estas razones explican que por primera vez exista oposición a un tratado de terminación de un conflicto armado. En rigor, oposición a los términos de un acuerdo de paz, que suscitan en muchos perplejidad, indignación y desconfianza.

Pero, estimada profesora Nussbaum, puede estar tranquila: la inmensa mayoría de los inclinados a decir No al actual acuerdo final con las Farc no tienen  “el espíritu de la revancha …y la retaliación”. Tienen una conciencia moral y política que les pone más requisitos en el ‘proceso de reconciliación’ con las Farc, y eso es tan respetable como la conciencia de los decididos a votar Sí en el plebiscito.

En un sentido esencial, la política posibilita y obstaculiza al tiempo el ‘proceso de reconciliación’. No se les está pidiendo a los colombianos solamente “lograr una mentalidad de perdón, compasión y amor a la condición humana” para aceptar la escasa retribución penal de la justicia transicional, sino también decisiones de Estado, políticas, institucionales y económicas que no se han tomado por procedimientos democráticos ni beneficiado de estos. La exigencia es “corazón y razón, Sí o No”, y no pocos se sorprenden de que millones de electores reaccionen con un No!

Dice usted: “el compromiso hacia el futuro es lo principal, y en la búsqueda de dicho pacto social se podría sabiamente tomar la decisión de no procurar retribución por el pasado”, lo que sugeriría que la jurisdicción especial para la paz va demasiado lejos al implicar mantenernos por años hablando del pasado. Eso es una cosa, y otra, que al tiempo definamos de modo detallado e indeseable aspectos del futuro para librarnos de una carga del pasado.

No obstante, por política del corto plazo se busca imponer una reconciliación formal con las Farc, forzando el corazón y la razón de los colombianos. Así a largo plazo esto dificulte la reconciliación o la tolerancia civilizada entre las dos mitades de la opinión nacional y la del país con las Farc.

Y bueno, lamentablemente la “retórica narcisista” tomó el “camino más fácil pero vacío” de vender una narrativa fundacional en vez de decirle la verdad a un pueblo que no es tan inmaduro: que el acuerdo final es un difícil y frágil equilibrio entre valores esenciales de la nación. [Esta carta también se dirige a la profesora Nussbaum en inglés] @DanielMeraV 

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