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Los muertos que parecen importar poco

31 de marzo de 2023 – 09:00 p. m.
MEX841. CIUDAD JUÁREZ (MÉXICO), 29/03/2023.- Una familia de migrantes a orillas del Río Bravo, observan el muro fronterizo hoy, en Ciudad Juárez, estado de Chihuahua (México). Tras el incendio fatal en un centro migratorio que provocó el fallecimiento de 39 extranjeros en contexto de movilidad el pasado lunes por la noche, cientos migrantes buscaron este miércoles entregarse ante las autoridades de Estados Unidos en la frontera con México. EFE/Luis Torres
No podemos olvidar que los migrantes más vulnerables son seres humanos que arrastran consigo tragedias personales.
Foto: EFE - Luis Torres

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La reciente tragedia ocurrida en un centro para migrantes en Ciudad Juárez (México), en la cual murieron 39 personas como consecuencia de un incendio y unas 30 más quedaron con heridas graves, es un nuevo llamado para actuar con urgencia, de manera asertiva y a escala internacional para enfrentar esta crisis humanitaria. El número de personas que se ven obligadas a dejar sus hogares, por distintos motivos, continúa aumentado en el mundo sin que se encuentren soluciones efectivas para atender esta realidad.

Las autoridades mexicanas tienen que esclarecer lo ocurrido y los responsables deben ser judicializados. El hecho apunta a que las personas detenidas en un centro que depende del Instituto Nacional de Migración (INAMI) causaron un incendio como protesta por su posible deportación, según lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador. La gravedad del asunto radica en que, de acuerdo con los testimonios de sobrevivientes y videos existentes, los funcionarios encargados de la custodia habrían dejado encerrados a los migrantes mientras ellos huían del incendio. Este tipo de situaciones, que con variantes obvias se repiten todos los días a lo largo de la región, afectan a seres humanos que en su mayoría no tienen más que perder sino la vida. Algo similar sucede en África, Asia y Europa.

Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, hay más de 280 millones de personas migrantes en el planeta. La inmensa mayoría lo hace forzada por las condiciones de pobreza, desempleo, guerras, violencias de distinta índole, hambrunas, falta de servicios de salud, problemas ambientales, corrupción, etc., buscando un mejor futuro. En ocasiones tienen la posibilidad de encontrar en los países de destino a familiares que han emprendido el viaje con anterioridad y ya están establecidos allí, así sea de manera irregular. Se trata de personas que, si logran ubicarse y conseguir un trabajo, terminarán enviando remesas a sus lugares de origen.

Colombia, un país de emigrantes, se convirtió en los últimos años en receptor, ante la llegada masiva de venezolanos por la crítica situación que vivían en el país vecino. A lo anterior se suma la crisis social generada por la pandemia del covid-19, lo que explica el aumento del flujo que tiene ahora a nuestro país como lugar de tránsito. Quienes venían del sur del continente casi se duplicaron el año anterior, pues según las autoridades panameñas se contabilizaron 248.000 personas que llegaron a ese país desde Colombia de manera irregular, frente a 134.000 que en 2021 lograron pasar por el Tapón del Darién. Ha aumentado en similar proporción el número de muertos allí y de quienes sufren vejámenes, violencia sexual o son víctimas de robo por parte de las mafias que manejan este negocio o de las mismas autoridades.

Luego de la penosa travesía, cuando llegan hasta México enfrentan la dificultad de ingresar a los Estados Unidos. Tanto el gobierno de Donald Trump como el de Joe Biden han tenido que enfrentar esta situación atendiendo los problemas de la política interna en su país. De momento, cuentan con el apoyo de Andrés Manuel López Obrador en la medida en que, a pesar de su discurso nacionalista, ha aceptado tener en su territorio a decenas de miles de migrantes a los que no se les concede el acceso al país del norte. En 2022 las autoridades migratorias mexicanas registraron un aumento del 44 % de personas migrantes comparado con 2021. La mayoría de ellas, procedentes de Venezuela, Honduras, Guatemala, Cuba, Nicaragua, Colombia, El Salvador y Ecuador.

Lo cierto es que, más allá de las frías cifras y estadísticas, se trata de seres humanos que arrastran consigo tragedias personales. Como dijera con claridad un migrante en las calles de Ciudad Juárez: “Queremos que entiendan que no somos animales, somos seres humanos”. Esta, que debería ser la mayor consideración de las autoridades en todos los países, de salida, tránsito y destino, no parece ser la realidad.

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