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Hubo varios momentos en los que Andrés Ospina se sintió orgulloso de su papá, el expedicionario y ambientalista Franco Ospina. El primero ocurrió cuando, en 1985, hizo una viaje en barco a Gorgona junto a Jorge Reynolds, quien no inventó el marcapasos (aunque por mucho tiempo hizo creer al mundo que sí). Querían hacerle un electrocardiograma a uno de los corazones más grandes que existe en el reino animal, el de la ballena jorobada, y, según cuenta Andrés, su papá fue quien se sumergió con una ballesta para implantar el aparato en el animal. Ahora también se siente orgulloso, dice Andrés, pues el pasado 30 de enero, día de su cumpleaños, fue también día del sepelio de Franco, quien falleció el 29 de enero tras permanecer más de dos semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Portoazul en Barranquilla. “Me siento más unido a él”, afirma Andrés. “Es curioso que haya pasado así, pero también es bello”.
Quien confirmó el fallecimiento fue Juan Carlos Ospina, tío de Andrés, quien le indicó a Caracol Radio que Franco tenía una enfermedad pulmonar llamada fibrosis. La desarrolló tras un tratamiento cardíaco que le practicaron años atrás en un viaje al Amazonas.
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Varios de sus familiares y amigos lo recuerdan como un expedicionario y ambientalista, interesado también en la investigación científica marina. Nació en Santa Marta, tenía 68 años y cinco hijos. Uno de sus amigos, el biólogo Fabio Arjona, cuenta que la principal inspiración de Franco fue su padre, el capitán Francisco Ospina Navia -más conocido como el “Capi” Ospina Navia-, quien llegó a Santa Marta en la década de 1950 y fundó el acuario de la ciudad, al que hoy en día se le conoce como Centro de Vida Marina.
El “Capi” Ospina Navia también viajaba en barco y fue así como Franco comenzó a interesarse en la navegación. De hecho, y según las cuentas que hacen sus familiares y amigos, pudo haber hecho más de 10 expediciones en velero y otras embarcaciones alrededor del mundo, algunas con fines científicos y otras por interés personal.
Una de las más reconocidas en las que participó fue la ruta de Cristóbal Colón, en 1992, que consistió en zarpar desde Sevilla, España, para atravesar el océano Atlántico y llegar a la costa de Santa Marta, con motivo de conmemorar los 500 años de la colonización española a América del Sur. Franco hizo todo el recorrido en una pequeña embarcación que llamó “Caminante del viento”, y su hijo, Andrés, recuerda que su papá aparecía todas las mañanas en el canal Caracol para dar un reporte de cómo le estaba yendo. “Tenía un teléfono satelital en la mano y narraba todo de una manera muy particular porque se echaba sus cuentos. Mis compañeros de clase me preguntaban, ‘oye, ¿y tu papá qué?’. Yo me sentía orgulloso”, dice Andrés.
Durante otra expedición, uno de sus amigos, el capitán Adolfo Hoyos, cuenta que Franco naufragó durante 4 días en Nueva Zelanda. “Allá se quedó bastante tiempo para reparar el barco, porque llegó sin mástil ni vela”, explica Adolfo, que conoció a Franco tiempo después de que terminó la ruta de Cristóbal Colón. “Franco había decidido abrir un centro de buceo en Medellín. Cuando fue a comprar unos artículos allá, nos presentamos y nos hicimos amigos. Empezamos a hacer expediciones de buceo y adquirimos un barco, el Tortuga I, con el que fuimos a muchos lugares. Naufragamos otro par de veces. Ese barco se convirtió en el Caminante del Viento III”, dice.
Andrés también recuerda que, en 2004, acompañó a Franco en una expedición que tenía como propósito validar que Suramérica debía ser un continente conectado por sus ríos y no por carreteras, como lo afirmó en su momento el explorador Alexander von Humboldt. Fue así como Andrés y su padre recorrieron diversos ríos y llegaron incluso al brazo Casiquiare, en el Orinoco, que conecta con el río Amazonas.
Otra de las travesías destacables de Franco fue cuando, en colaboración con la Asociación Yubarta de Gorgona, observaron la migración que hacen las ballenas jorobadas por las costas latinoamericanas hasta llegar a aguas colombianas.
La última expedición de Franco se llamó “Caribe Respira”, en 2021, cuyo propósito era recolectar la mayor cantidad de residuos en el mar Caribe. Duró 7 semanas en las que el velero Tortuga I y dos unidades de la Armada de Colombia navegaron por la Guajira, el Golfo de Urabá, San Andrés, Providencia, Cayo Bolívar y Cayo Alburquerque, con la misión de recolectar basuras depositadas en el mar, los corales y las playas. Según la Armada, el objetivo era “generar conciencia sobre el uso responsable y sostenible de los plásticos que son generados a diario en todo el país”. Como resultado, la expedición recogió 150 toneladas de plástico.
De acuario a centro de conservación ambiental
Algunos de los hijos del “Capi” Ospina Navia continuaron con el Acuario de Santa Marta, antes llamado Acuario Rodadero, y sus labores de conservación marina. Su hermano, Juan Carlos Ospina, es su actual director, y su hijo Andrés dirige el área de educación e innovación.
A lo largo de su vida, Franco también fue uno de sus principales impulsores. De hecho, y en palabras de Andrés, tuvo un papel clave para que le cambiaran de nombre en 2023 y se convirtiera en el Centro de Vida Marina que es hoy en día. Antes de la pandemia, cuenta, comenzaron a desarrollar un convenio con la entidad departamental de medio ambiente del departamento Magdalena, Corpamag, con el que buscaban convertirse en el centro oficial de rehabilitación de vida marina mamífera de la región. Desde eso, hicieron numerosas alianzas que involucraron la liberación de tortugas marinas y la instalación de guarderías de coral en las playas de Inca Inca, en Santa Marta, cuyo objetivo era llegar a los 50 mil fragmentos sembrados.
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Esa iniciativa hacía parte de una más grande, llamada “Un millón de corales por Colombia”, en cabeza de la Presidencia de la República a través del Ministerio de Ambiente. Buscaba recuperar y restaurar 200 hectáreas de arrecife coralino en Bolívar, Magdalena, San Andrés, Providencia, Chocó, La Guajira, Urabá y Sucre.
También, el Centro de Vida Marina ha sido eje de rehabilitación de mamíferos marinos, como delfines y manatíes. De hecho, y en honor al fallecimiento de Franco, seis manatíes serán liberados luego de ser tratados en el centro durante el próximo mes. “Será un pequeño gesto para recordar su labor ambiental”, explica Andrés.
A su amigo Fabio también le gusta recordarlo como un hombre apasionado por el mar, que a veces tomó decisiones arriesgadas, pero nunca perdió la pasión. “Después de terminar la ruta de Cristóbal Colón, y mientras se devolvía a Colombia, tuvo que desembarcar en África sin papeles. Lo metieron a la cárcel y, al cabo de tres días, lo sacaron. Ni siquiera después de eso hubo quien lo sacara del mar”, cuenta.
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