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“Che, estoy cerca de ganarle, muy cerca”, dijo Faustino Oro en medio de su partida contra Magnus Carlsen, mientras veía cómo el juego se desarrollaba a su favor.
Su mano reposaba trémula e indecisa en el cuello, tratando de esconder el ruido bizarro que producían sus latidos acelerados. Sus ojos se movían con rapidez sobre el tablero, repasando las posibilidades, al tiempo que sus gafas.
El Bullet Brawl 2024 es un torneo de ajedrez bala creado por Chess.com que se juega cada sábado, durante todo el año. Los jugadores titulados pueden participar semana a semana, batiéndose en una serie de duelos vertiginosos e ininterrumpidos que los acercan un poco al premio final, entregado de forma periódica. Son US$1.000 repartidos entre los primeros cuatro puestos. El sistema de puntaje es básico y las partidas son rápidas, cada contendiente tiene un minuto por jugada.
El estadounidense Hikaru Nakamura ha ganado 21 veces el torneo y este año también es el máximo favorito.
Faustino Oro es un niño. Tiene 10 años y ya es el maestro internacional más joven de la historia. Nació en Buenos Aires (Argentina) y conoció el ajedrez por casualidad, un día en el que el mundo entero estaba encerrado en cuatro paredes, aterrado por la fuerza invisible de una pandemia funesta.
Empezó a mover las piezas impulsado por su padre, que no soportaba verlo quieto, y luego su talento se fue desarrollando con algunos maestros que vieron en él un talento genuino y natural.
“¡Vamos!”, gritó Oro con el rostro desencajado, lanzando la mano hacia adelante mientras hacía una mueca de incredulidad. El apuro de tiempo era palpable para ambos jugadores, pero Magnus Carlsen había caído en su trampa. El caballo negro del excampeón del mundo saltó inadvertidamente a la casilla A2 y Faustino, con voracidad, le cortó las patas al equino, consciente de que así podría empezar a ganar una partida histórica.
Sus piezas abarcaban más espacio en el tablero: tenía dos peones de más y su caballo aún seguía en juego. “¡Gané la partida contra Magnus Carlsen!”, exclamó tan fuerte, que el micrófono no pudo más que difundir su euforia. Luego empezó a bailar en su puesto, moviendo los brazos hacia arriba y hacia abajo con mucho ritmo. Le ganó al cinco veces campeón mundial, al número uno del mundo, al jugador más fuerte del momento, al que todos quieren vencer.
Y lo hizo en su primer enfrentamiento. El argentino quedó en el puesto 21 tras haber jugado todas sus partidas, pero eso le debe importar poco. En el mismo torneo logró superar a Hikaru Nakamura, quien quedó primero, y a Magnus Carlsen, que, aunque compitió en una variante de ajedrez que no es su predilecta, no deja de ser un rival peligroso y casi omnipotente, pues de hecho fue campeón mundial de ajedrez rápido.
Con 10 años, Faustino ocupa el puesto 3.263 del ranking mundial y tiene un ELO de 2330 en clásico, 2325 en rápido y 2186 en blitz. Es un diamante en bruto, un jugador nacido para el ajedrez, creado y moldeado a su imagen y semejanza.
Desde el año pasado está radicado con su padres, Alejandro y Romina, en Badalona (España), en donde se prepara asesorado por varios especialistas en el deporte ciencia, como se conoce al ajedrez.
“Soy Faustino Oro y quiero ser campeón del mundo, aunque sé que todavía falta mucho para eso”, dijo hace poco frente a una cámara, moviéndose con indiferencia, nervioso. “Veo dónde van las piezas, siento que tengo que mover un alfil a una casilla y no a otra, pero no sé por qué me pasa”, dijo con sinceridad.
“Me gusta el fútbol y jugar a la Play con el FIFA”, explicó en una entrevista a la agencia EFE, en la que agregó que por herencia es hincha de Vélez Sarsfield y que últimamente sigue con atención al Real Madrid.
Magnus Carlsen, por su lado, sigue alejado del campeonato del mundo porque considera que padece de falta de inspiración, motivación e incentivo. Está en contra de la mediocridad y la poco maleabilidad del torneo mundial que organiza la Federación Internacional de Ajedrez, pero asegura que estará muy pendiente del Torneo de Candidatos, del que saldrá el oponente del actual campeón del mundo, el chino Ding Liren. Pone sus fichas al italiano Fabiano Caruana y a Hikaru Nakamura, pero es muy tajante al decir que los jugadores deberían tener un espíritu más tiránico, deberían, en su concepto poco humilde, jugar siempre a ganar; asegurando que para él la posibilidad de ofrecer tablas debería desaparecer.
“Para mí, realmente el primer lugar es lo único que importa”, dijo en una entrevista. Ganar sin medir el riesgo. Eso sí, no dijo cuándo volverá a defender su título o si alguna vez lo hará, aunque, a juzgar por sus palabras, si no hay un cambio en la estructura de recompensas y la naturaleza de las partidas en cuanto al tiempo, no retornará jamás.
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