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Las 36 horas del papa en Nueva York

Francisco habló ante 148 líderes presentes en la Asamblea General de Naciones Unidas. Mañana termina su histórico viaje en Filadelfia.

El papa Francisco durante su discurso ante 148 jefes de Estado en la Asamblea de la ONU, en Nueva York. / AFP
El papa Francisco durante su discurso ante 148 jefes de Estado en la Asamblea de la ONU, en Nueva York. / AFP

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Nueva York está acostumbrada al caos. Cada año, esta ciudad, destino de millones de turistas, acoge congresos, cumbres y conciertos, entre otros eventos. Sin embargo, la locura desatada por el papa Francisco no tiene precedentes. “Nunca se vio algo así”, aseguró el alcalde Bill de Blasio, quien reconoció que “el entusiasmo que despierta el papa es extraordinario”.

Millones de personas querían verlo. Dos días antes de su arribo a la Gran Manzana, miles de ciudadanos hacían largas filas para entrar a alguno de los eventos programados. La municipalidad de Nueva York y la Arquidiócesis de la ciudad sortearon miles de boletos para la procesión que el pontífice programó por Central Park. Sin embargo, de la noche a la mañana los boletos se cotizaron a cientos de dólares. Según las autoridades, 80.000 personas participaron en el recorrido.

Toda esta movilización estuvo acompañada de un dispositivo de seguridad sin precedentes en la ciudad, con agentes del Servicio Secretos, la Policía de Nueva York, el FBI y unidades especializadas en lucha antiterrorista. Según William Bratton, jefe de seguridad de la Gran Manzana, casi todos los entes de seguridad de EE.UU. participaron en el esquema que garantizó que la visita del sumo pontífice transcurriera con normalidad.

Algo imposible, teniendo en cuenta que, desde la mañana, miles de personas se desplazaron a las cercanías del edificio de Naciones Unidas para esperar su llegada. Francisco se hizo presente a las 8 de la mañana. Antes de entrar al recinto saludó a miles de personas que estaban en las calles. Y demostrando una vez más su preferencia por “los pequeños”, como los llama, estuvo de acuerdo con una rifa entre los empleados de Naciones Unidas, traductores, servicio de limpieza, entre otros, para saludar a 800 de ellos en una pequeña conferencia previa a su discurso oficial.

En casi 70 años de historia, el seno de la ONU no había recibido tanto visitante ilustre. Varios mandatarios adelantaron su llegada sólo para escuchar al papa, entre ellos Raúl Castro, quien por primera vez en 50 años llegaba a esta sede. También aparecieron Bill Gates, Shakira, empresarios, actores y cantantes, escritores, políticos, funcionarios, etc.

En ese escenario pidió a los mandatarios buscar el bien común y habló de narcotráfico, “otro tipo de conflicto que silenciosamente se cobra la muerte de millones de personas”. Insistió en el cuidado del planeta, los migrantes, la pobreza y la desigualdad. Un papa coherente, pues durante todo su viaje a EE.UU. insistió en los mismos temas.

“No he visto una sola persona que haya mostrado descontento con la visita de su santidad, incluso los no creyentes. Creo que su visita es una muestra de la apertura del mundo hacia la Iglesia” señaló a El Espectador Eliardo Ramírez, estudiante de teología del seminario de Nueva York, quien a sus 26 años fue uno de los encargados de los preparativos para la llegada del pontífice, y destacó que su conclusión es que la visita de Francisco “ha dejado fe para los latinos”.

En una muestra de que su mensaje va más allá de la religión, el papa se unió con representantes de otros credos en una “oración por la paz” pronunciada en la Zona Cero, en homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. “Aquí el dolor es palpable (…) en las diferencias, en las discrepancias, es posible vivir en un mundo de paz. Frente a todo intento uniformizador es posible y necesario reunirnos desde las diferentes lenguas, culturas, religiones”.

Después, el “papa de los pobres”, como lo llamó Obama, visitó una escuela que atiende 295 niños, en su mayoría latinos y negros, y se reunió con inmigrantes y refugiados procedentes de México, Perú, Ecuador, Honduras, India, Pakistán y África. Al final del día, 20.000 fieles lo esperaron en el Madison Square Garden para asistir a la misa de cierre de su visita. Una visita que conmovió algo más que el corazón de la Gran Manzana.

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