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Una empanada para el desamparo (Cuentos de sábado en la tarde)

Con el afán del día, entré a la tienda de una gasolinera para comprar un café y seguir en pie después de tanta madrugadera.

08 de abril de 2023 – 05:30 p. m.
HAB104. LA HABANA (CUBA), 04/04/2023.- Fotografía de una gasolinera cerrada por falta de combustible hoy, en La Habana (Cuba). El combustible vuelve a escasear este martes en La Habana, donde la mayoría de los servicentros (gasolineras) permanecen cerrados y los pocos que aún surten ven crecer largas filas de vehículos a su alrededor. Los problemas de suministro de combustibles no son una novedad en Cuba, que en los últimos meses ha experimentado escasez de carburantes para automoviles de forma intermitente sin que las autoridades aclaren los motivos. EFE/ Yander Zamora
No existir no solo por las implicaciones de mis propios dolores, sino porque no puedo ser indiferente al dolor del otro. Soy humana, demasiado humana. EFE/ Yander Zamora
Foto: EFE - Yander Zamora

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Allí, justo frente de esa puerta, estaba clavada una mirada de ojos sucios y tristes, una cara llena de polvo y amargura, un estomago arropado por el dolor del hambre, un cuerpo de notable olor a sudor, abandono y olvido. Me conmovió su rostro de hombre joven, sus gestos cargados de dolor, de una piedad sin esperanza. A la humanidad que habita la calle, la habita la indiferencia, hacen parte de lo descartable, de lo que puede ir en el contenedor de la basura orgánica, y más aún; cuando se pertenece a una comunidad tan discriminada y segregada. Más si se es afrodescendiente.

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En mi pobre inglés que aún cojea, le invité a entrar a la tienda para que escogiera lo que deseara comer, y entre miradas de repulsión y rechazo, pidió una empanada y una soda fría. Una empanada que medio curará ese escozor tan poderoso que nos habita como seres vivos, el hambre. Por un momento le devolví su valía como un semejante a mí. Pero solo fue por ese lapso mínimo de tiempo.

Seguí con la rutina que me espera el día, pero albergando ese sentir de que preferiría no existir, como bien lo plantea el filósofo David Benatar. No existir no solo por las implicaciones de mis propios dolores, sino porque no puedo ser indiferente al dolor del otro. Soy humana, demasiado humana.

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