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El pasado mes de marzo, se reportó el abandono de 30 “minipigs» o cerdos miniatura en las calles de Pereira. Los animales fueron vistos caminando a orillas de las carreteras, husmeando entre las basuras y totalmente desamparados, sin comida ni refugio. Esta escena dejó al descubierto una problemática que hasta entonces había pasado casi desapercibida en Colombia: estos animales, que durante un tiempo fueron promocionados, erróneamente, como animales de compañía, hoy enfrentan una realidad muy distinta marcada por el abandono, el maltrato y la falta de conocimiento sobre sus verdaderas necesidades.
Apenas cuatro de los 30 cerdos reportados están a salvo en un refugio; del resto no se tiene rastro. Su destino pudo haber sido fatal, como lo denunció el concejal Héctor Hernández, quien advirtió que este tipo de abandono podría representar un riesgo sanitario serio si no se controla a tiempo.
A la denuncia se sumó la fundación MiniOink, quienes se hicieron cargo de los ejemplares rescatados. Esta organización sin ánimo de lucro lleva más de siete años liderando un proyecto que no solo busca salvar la vida de minipigs de todas partes del país, sino también educar y concientizar sobre lo que verdaderamente implica tener este animal.
La realidad de tener un “minipig” en casa
Los “minipigs”, cerdos miniatura o cerdos tacita de té han sido criados selectivamente por el ser humano para lograr ejemplares más pequeños y domesticables, así lo explican Andrés Botero y Ana Barbosa, médicos veterinarios especialistas en animales no convencionales.
El fenómeno llegó a Colombia luego de su éxito en Estados Unidos y Europa, donde redes sociales, medios de comunicación y celebridades mostraban a estos pequeños cerdos como animales cariñosos, activos y traviesos. Y lo son: ellos destacan por su inteligencia y sociabilidad, pero también requieren una atención y un entorno adecuado que muchos desconocen.
Uno de los primeros mitos que es necesario desmontar es el del tamaño. “Las personas compartían imágenes de los cerdos siendo bebés, de apenas uno o dos meses, por eso se asemejaban al tamaño de un perro pequeño. Pero un minipig puede crecer entre 35 y 100 kilogramos y alcanzar hasta 60 centímetros de altura a la cruz”, señala Ángela Castillo, médica veterinaria y directora de MiniOink. A esto se suma su expectativa de vida, que oscila entre los 20 y los 25 años, representando una responsabilidad a largo tiempo.
Cuando se empezó la cría y venta masiva de minipigs, se hizo de manera informal e irregular, sin consideraciones sanitarias ni de bienestar animal. Los criaderos y comercializadores los ofrecían sin microchip, vacunas o registro, y prometían tamaños irreales, incluso recomendando dietas restrictivas para mantenerlos pequeños. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos de estos animales crecían hasta alcanzar su tamaño definitivo, que puede tardar hasta cinco años, y las personas comenzaban a enfrentar dificultades para brindarles el espacio que requerían.
En la venta no se explicaba tampoco los cuidados especiales que requieren estos animales: “Los cerdos son animales muy activos. Caminan, exploran y comen entre 12 y 14 horas al día. Además, al igual que con perros y gatos, la prevención es fundamental: hay que cuidar sus pezuñas, hacer limpiezas dentales, cortar colmillos, aplicar las vacunas, desparasitarlos, etc.”, comenta Castillo. También es crucial prestar atención a su alimentación, ya que, contrario a la creencia común de que los cerdos comen desechos o lavaza, su dieta debe estar compuesta principalmente por frutas y verduras.
Otra de las problemáticas más frecuentes es la falta de un entorno adecuado. Muchos viven en apartamentos o casas sin acceso a espacio exterior, lugares que no le ofrecen enriquecimiento ambiental y que, por el contrario, los privan de su naturaleza. “Cuando viven en un espacio campestre, más de la mitad de la tarea está hecha, pero cuando están en interiores, el dueño tiene que hacer un esfuerzo muchísimo más grande para suplir todas esas necesidades comportamentales y biológicas del animal”. De hecho, esa falta de estimulación puede provocar que los minipigs se vuelvan agresivos o ansiosos.
Todas esas particularidades en la tenencia de los cerdos, sumadas a otras como la prohibición de viajar con ellos fuera del país, por orden del Programa Nacional de Erradicación de la Peste Porcina Clásica del ICA, hacen que la decisión de tener un animal de estos en casa deba reconsiderarse.
Una “moda” que se está saliendo de control
Parte de la raíz del problema surge en la cría y comercialización ilegal de estos cerdos. En 2020, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) expidió la Resolución 69276, mediante la cual se establecen los requisitos sanitarios para la producción, comercialización y tenencia de cerdos miniatura en el país.
Como explica Claudia Angulo, líder del proyecto porcinos del ICA, esta normativa se enfocó principalmente en regular la actividad de criaderos y comercializadores, ya que se consideró que era el primer paso para poder ejercer un control sobre estos animales. “La normativa surge de esa necesidad de poder tener un control en materia de sanidad porcina, porque como llegó como ese boom, necesitábamos establecer reglas para no poner en riesgo nuestras producciones comerciales y el estatus sanitario del país”, señala.
La resolución contempla, entre otros aspectos, la edad mínima para la comercialización (60 días para machos y 90 para hembras), la obligatoriedad de registrar tanto los animales como los predios donde se crían, el uso de microchips para su identificación, y la aplicación de vacunas específicas. Todo ello con el objetivo de mantener estándares sanitarios y prevenir enfermedades como la peste porcina clásica que puedan afectar al sector porcicultor colombiano.
Sin embargo, a pesar de que la norma existe, hoy no hay criaderos ni comercializadores legalmente registrados ante el ICA. Tampoco se lleva un conteo oficial de cuántos minipigs hay en el país. Este vacío hace que, en la práctica, no haya control real sobre su comercialización ni sobre su tenencia.
Consecuencias de la cría y compra informal de minipigs
Los criaderos ilegales engañan a las personas prometiendo un tamaño específico y en el afán de conservar ciertas características físicas, recurren a la endogamia. Jorge Rivera, zootecnista y codirector de MiniOink, explica que en estos lugares se cruzan animales emparentados entre sí, como hermanos o padres con hijos, provocando daños genéticos que derivan en problemas de salud, dificultades de movilidad, malformaciones, trastornos y un deterioro en su calidad de vida.
A esta situación se suma otra preocupación: el posible consumo de minipigs. Si bien no existen confirmaciones concretas sobre casos específicos, el ICA hizo un llamado de alerta debido a los potenciales riesgos sanitarios. “El minipig sigue siendo un porcino, pero tenemos que tener claro que los porcinos criados con fines de consumo humano tienen unos requisitos de sanidad y de inocuidad, para prevenir cualquier enfermedad que pueda llegar a afectarnos”, explica Angulo.
Además, su posible abandono en zonas urbanas podría representar un riesgo potencial. Al no estar esterilizados, estos animales podrían reproducirse con facilidad: el periodo de gestación de un cerdo miniatura es cercano a los cuatro meces y una sola hembra puede tener camadas de hasta 12 lechones. Su permanencia en ambientes urbanos también favorecería interacciones con la fauna local, el consumo de basura y, eventualmente, posibles vectores de enfermedades zoonóticas.
Todo esto evidencia la necesidad urgente de ejercer control institucional y hacer de campañas de educación, porque, al no estar clasificados como animales de compañía, como perros o gatos, los minipigs quedan en un limbo legal. No existe una regulación clara sobre quién los puede recibir, a qué entidad se deben reportar los casos de abandono, ni protocolos específicos para su manejo. “Las entidades municipales no están preparadas para atender esta problemática (…) Los municipios son responsables de los animales abandonados domésticos y ahora tienen una responsabilidad adicional, que son los minipigs”, enfatizó el concejal Héctor.
Y ahí radica parte del problema: la competencia del ICA es regular los aspectos sanitarios y comerciales, pero no tiene injerencia directa sobre la tenencia como animales de compañía. Esto deja sin supervisión muchos de los casos que actualmente se ven en Colombia, donde los minipigs son abandonados o maltratados, en parte por la informalidad en su venta y por el desconocimiento generalizado sobre sus verdaderas necesidades.
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